La llegada del “hiperespacio” a nuestros hogares sembró Internet de una serie de frases hechas y expresiones para transmitir modernidad e innovación, estábamos viviendo una nueva era y era su momento.

Pero, después de varias décadas digitales, muchas de estas expresiones aún siguen más vivas que nunca. Todavía hoy, suele ser habitual leer el clásico “Donde quieras, cuando quieras” o el famoso “A un click de distancia” para promocionar un determinado producto digital. ¿De verdad puedo usar un producto digital donde quiera y cuando quiera? ¿En serio? También continúan dándonos la bienvenida a una web, despidiéndose con un “hasta pronto” cuando cerramos una sesión, o incluso indicándonos que somos visitante número x que entra en una determinada web.

El inigualable César Astudillo lo explicaba divinamente en el siguiente párrafo:

“Creo que fue Howard Rheingold quien dijo que necesitábamos metáforas para entender las interacciones online. Una es la herramienta. Otra, el lugar. En los albores de la web se usó la segunda: la gente que “entraba” en tu “sitio” Web, eran tus “visitantes”. Ahora mucho ha cambiado. El dispositivo es móvil. No solo lo usamos para “informarnos” sino para “hacer” cosas. Las interacciones se han hecho múltiples, fragmentadas, contextuales, y ubicuas”.

Por ese motivo y también por quitarnos caspa de los hombros, los que nos dedicamos al producto digital deberíamos olvidarnos de estas expresiones de una vez para siempre. ¿Cómo puedes promocionar un app móvil apoyándote en el “a un click de distancia”? Un click era lo que hacía nuestro ratón cuando pinchábamos el botón del mismo, pero ¿en una app? ¿Clicks?

Otro grande, Alberto Denegro, mantuvo una fabulosa colección de ejemplos de “Donde quieras y cuando quieras”, que por desgracia no he conseguido encontrar (Alberto help me!). Resulta asombroso la cantidad de sitios que tiran de este recurso para promocionarse.

Como si no hubiera frases más elegantes, descriptivas y bonitas para describir tu producto, sea cual sea. Qué poca imaginación.

Actualización: El tumblr original de Alberto al que hacía referencia desapareció. Pero justo hace una semana ha vuelto a retomar la iniciativa: https://cuandoquierasanytime.tumblr.com

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Me marcho de este último encuentro con la cabeza hirviendo de inspiración, fascinado con que, después de siete años, Ilios.org no sólo siga funcionando, sino que tenga más chispa que nunca para seguir adelante con nuevas ideas, formatos y gente interesada en formar parte de “esto”. Me he prometido personalmente dar una charla sobre qué es Ilios y cuál es la filosofía que esconde detrás (desde aquí me ofrezco públicamente a quien esté interesado). Creo que todo este tiempo nos da una perspectiva más que suficiente para poder contarlo con ilusión y orgullo:

Ilios.org es una estructura horizontal, basada en la Libertad (nadie manda sobre nadie), el Respeto (todos nos admiramos mutuamente) y la Confianza (aquí tienes mi mano para lo que necesites, no te caerás). Y bajo estos pilares en mayúsculas hemos sido capaces de rediseñar el concepto de empresa, de que *muchos* clientes confíen en nosotros y de que encima nos dé de comer.

 

Por supuesto, como cualquier otra agrupación siempre tendrá sus imperfecciones, pero qué quereis que os diga, con todo lo que ha pasado hasta ahora yo ya tengo material suficiente para sonreir para rato cuando sea más mayor.

Alex, Isa, Jere, Jero, Julio, Carlos, Jorge + los que seguís en nuestro corazón + los que estáis por llegar: sigamos Humanizando la Modernidad, sigamos echándole Avecrem a la Tecnología. Está siendo un viaje maravilloso.

Gracias por creéroslo.

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This is broken” fue un blog creado por Mark Hurst allá por el 2003. En él, usuarios de todo el planeta compartían ejemplos cotidianos de productos mal planteados o que simplemente no funcionaban (la mayoría tecnológicos). La iniciativa cerró en 2007.

Para mi era un sitio de visita obligada en aquellos años, especialmente cuando tenía frente a mi proyectos de especial tensión. No sé por qué pero, paseándome por los ejemplos, me ayudaba a quitarle estrés al proyecto, a verlo todo desde otro prisma. Pensar en lo perecedera, frágil y caduca que era (y es) la tecnología, me ayudaba a relativizar todo el trabajo que tenía por delante y a estar más seguro de lo que hacía.

En un mundo donde los teasers futuristas con conceptos brillantes nos acercan un futuro perfecto, con robots casi humanos, coches increíbles y artilugios perfectos, no viene mal pasar por este baño de humildad y recordar que, por mucho que nos empeñemos en diseñar ese futuro perfecto, la realidad siempre tendrá a mano su varita mágica para romper lo que se le cruce por su camino.

Así ocurría hace 15 años y así seguirá ocurriendo, irremediablemente.

P.D.: ¿Os ha funcionado alguna vez el botón del doble cero en un cajero?

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Todavía recuerdo como si fuera ayer cuando empecé a salir con Caroline, hoy ya esposa. Fueron momentos en los que estuvimos bastante separados por la distancia (ella es de Francia y allí vivía) y, con escasos recursos como teníamos, lo de vernos se reducía a muy pocas veces al año. 

Cuando nos veíamos solían surgir momentos en los que el silencio se apoderaba del espacio. A mi, un chico del sur acostumbrado al jaleo, ese silencio se me hacía de lo más incómodo: “¿Estará molesta por algo?” o  “¿En qué estará pensando?” Eran preguntas que, con el paso del tiempo, le preguntaba abiertamente cuando me asaltaban estas dudas. Ella siempre me respondía lo mismo: No. ¿Por?

Al final no sólo me fui acostumbrando a esos momentos de silencio, sino que aprendí a disfrutar de ellos. Empecé a entender que no había por qué rellenar de ruido esos momentos de silencio en los que uno estaba pensando en sus cosas o simplemente disfrutaba del “no pensar” (aunque esto último a mi me resulta harto difícil).

El silencio no es sólo la ausencia total de ruido, también “significa la abstención de hablar en la comunicación humana. Y, sin embargo, que no haya sonido alguno no siempre quiere decir que no haya comunicación”, reza la Wikipedia sobre el significado de esta palabra.

Es curioso como, con el paso del tiempo, he ido trasladando la belleza y elegancia del silencio a otros contextos. Y al final, por pura deformación profesional, lo exporto a muchos aspectos de mi profesión y estilo de vida. 

Para mi, un servicio de atención al cliente telefónico representa la antítesis de todo lo que estoy comentando. A día de hoy no conozco ninguno que reúna todos los ingredientes de una experiencia 10, que para mi (vuelvo a insistir) son las combinación con más o menos éxito de tres variables: la resolución de tu problema, la profesionalidad del que te atiende y cómo gestionan los momentos de espera mientras realizan sus consultas. Para esto último, para rellenar esas pausas, casi todos tiran de hilo musical de dudosa calidad, con cacofonías intercaladas, y ruídos de fondo que empeoran el ya difícil de asimilar hilo. Yo siempre pido que no me lo pongan cuando me piden “un momento, por favor”, pero casi nunca tengo suerte. 

En muy contadas ocasiones, con un banco concretamente, he disfrutado de la espera. Tras el “un momento, por favor” reinaba el silencio, intercalado cada cierto tiempo por un “sigo aquí, trabajando en tu consulta” e incluso un “estoy a punto de terminar, enseguida estoy contigo”. Lo encuentro mucho más natural, más profesional y estoy seguro que hasta más barato. Porque supongo que estos hilos musicales se pagan, ¿no?

La imagen que acompaña este post es un simple silencio de negra. El silencio es bonito hasta cuando se escribe sobre un papel.

    Gracias Caroline.

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    Probablemente sea el elemento de interacción más ignorado del mundo tecnológico (no me extraña: son como mucho 20 píxeles). Sin embargo, a pesar del paso del tiempo, continua presente en la mayoría de apps y herramientas de software que utilizamos hoy en día. Hoy os presento a Caret.

    Caret es ese pequeño elemento intermitente que vemos en la mayoría de los editores de texto actuales o en el interior de los campos te texto. Con la evolución en los modelos de interacción Caret también ha ido adaptando ligeramente su forma. No olvidéis que este elemento lleva  a nuestro lado desde antes de que existiera el ratón en nuestros ordenadores:

    – En los famosos terminales de fondo negro y tipografía fósforo verde Caret era representado como un bloque de píxeles. Los que tengáis MacOS y hayais abierto alguna vez Terminal sabréis de qué os hablo.

    – Conforme fue evolucionando la tecnología, Caret pasó de ser un bloque a ser un guión bajo. Se usaba en entornos como el del MS-DOS.

    – Poco a poco Caret pasó a transformarse en una simple línea vertical, pero con más vida, intermitente. Y personalmente creo que ese simple detalle, la intermitencia, ofrece una información tremenda al usuario sobre el estado del sistema en ese momento: Estoy esperando a que me digas qué poner aquí. 

    – En algunos editores de texto Caret la forma de I-beam, también llamado I-cursor, el objetivo de este último era el de informar al usuario que el texto resaltado también podía ser destacado, movido o editado. Como curiosidad el nombre de la forma que tiene una viga de metal al ser cortada transversalmente.

    Al final Caret es una adaptación del propio cursor a los sistemas basados en inputs de entradas de texto. Gran parte de la culpa de estas múltiples personalidades de nuestro cursor la tiene Susan Kare, responsable de la creación de los elementos de interfaz de los primeros Macintosh en la época de los 80 (tipografía e iconografía sobre todo). Pero el trabajo de Susan se merece sin duda un post aparte.

    Siempre he creído que conocer estos pequeños detalles sobre nuestra relación con la tecnología, aparentemente sin importancia, ayuda a entender mejor la profesión y son la base de muchas decisiones de diseño que se toman a día de hoy.

    Por cierto “Caret” viene del Latín y viene a decir “necesidad de inserción”.  “Cursor” también viene del Latin y significa “Corredor”.

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    Suelo pasar con frecuencia por este tramo de la A7, justo donde se bifurca con su variante de peaje. Como suele ocurrir con muchos tramos de peaje, nos ahorran tiempo de desplazamiento para llegar al mismo destino que la vía convencional. Obviamente a un precio…

    Lo que me llama la atención de los paneles que se sitúan por encima es que no mencionan justo la gran ventaja de estos tramos: el tiempo de viaje que nos ahorramos. Se limitan simplemente a replicar el destino final, lo que provoca confusión entre muchos conductores, nada más que hay que ver cómo pisan el freno cuando llegan a estos paneles para intentar leer lo que pone.

    Hay casos en los que estos paneles vienen acompañados de otros más grandes, luminosos, donde tratan de convencerte de que coger la variante de peaje es mejor “por tu seguridad”, pero es algo tan obvio que me parece un despropósito tener un panel luminoso sólo para este fin, es al menos el mensaje que más aparece a no ser que haya un accidente en los alrededores.

    En general, la información de la red de carreteras es fría, poco cercana, destinada a interpretar en un cortísimo espacio de tiempo lo que tenemos por delante en la carretera. Soy consciente de que cambiar los mensajes a algo más cercano y empático es una batalla perdida, pero sí que creo que pequeñísimos detalles pueden ayudar a tener una conducción más placentera.

    La imagen que acompaña este post está ligeramente retocada. En el panel de peaje, al lado de las poblaciones, he incluido el tiempo de ahorro medio que supondría si el conductor cogiera la variante de pago. No es nada del otro mundo, pero creo que el tiempo medio de ahorro es un dato que sí que ayuda al conductor a decidir cuál es la vía que más le conviene. Pequeños grandes detalles.

    Seguro que alguien tiene más ideas en la cabeza relacionadas con este tema. ¿Lo compartes?

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    I love selling. But I’ve always been suspicious of marketing, at least the way it seems to be practiced by most companies. It seems to me that a lot of marketing is often deployed to cover up a product’s deficiencies rather than point out what makes it great, to confuse as much as to illuminate.

    Jason Fried · Co-fundador de Basecamp

    Hacía tiempo que andaba buscando un motivo que me animara a escribir sobre este asunto – pelín sensible – y este viejo artículo de Fried me lo ha puesto a tiro.

    Siempre he/hemos sido partidario del “no-marketing”, de hacer el ruido justo sobre lo tu producto o servicio de una manera natural y orgánica. De escaso bombo y platillo.

    Personalmente creo que el mejor marketing es el resultado precisamente de invertir poco o nada en esa palabra, aquel que se genera “simplemente” con el boca a boca, el que se genera de manera honesta y natural tras un servicio o un producto bien hecho. Con una buena experiencia de principio a fin. El “simplemente” lo pongo entre comillas porque no es tan simple como parece.

    Por eso suspiro cuando leo tanto parole en blogs, actualizaciones de Twitter y publicidad en resultados de búsqueda, porque lo único que persiguen – como bien señala Fried –  es “confundir” al usuario incauto para que saque su tarjeta. Recogiendo peras del famoso long tail.

    Hablando de este tema con Isabel Inés, sí que es cierto que en numerosas ocasiones el objetivo no es ni natural ni orgánico. Cuando empiezas a necesitar aumentar la masa crítica de usuarios un 20% al mes (por poner un ejemplo cualquiera), en el lateral de tu sombrero empieza a leerse la palabra Marketing.

    También es cierto que esta filosofía puede parecer más válida para servicios como formación o consultoría y menos para productos. Pero el propio producto de Fried tira por tierra esta forma de pensar: Basecamp.

    En Basecamp, en lugar de centrar sus esfuerzos en atraer nuevos usuarios, pusieron toda su energía y recursos en ayudar a los ya existentes para mejorarles lo que tenían (también decidieron dejar de parecer cools frente a los medios de comunicación, por cierto).

    El resultado muchos de vosotros lo conoceréis: una herramienta de gestión de proyectos simplemente brillante, usada por miles de usuarios y sin aceptar inversión externa (tan sólo una “contribución de Jeff Bezos”).

    Volviendo a la Tierra, y evitando cualquier tipo de comparación, en esta casa (Seisdeagosto.com) nunca se ha puesto un duro en marketing, como tampoco lo hemos hecho en Ilios.org, ni en Lanavenodriza.com (todavía hay gente que no se acaba de creer que no tenemos equipo comercial, por cierto).

    A lo mejor estamos equivocados y deberíamos rascarnos el bolsillo y empezar a mover la manivela del Marketing y seguir creciendo y creciendo. Pero lo cierto es que bajo esta filosofía nos va la mar de bien. Y de paso somos bastante felices, que también es importante.

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