Phoebus y la obsolescencia programada

Seguro que has escuchado hablar de la obsolescencia programada en más de una ocasión: la limitación de la vida útil de un determinado producto o servicio para que, tras un número determinado de horas de uso definido por el fabricante el producto o servicio deje de funcionar, lo que implicará casi irremediablemente que tengas que adquirir un nuevo (acuérdate de tu impresora, sin ir más lejos).

Estas situaciones provocan la frustación de muchos usuarios, que ven que algo, en buenas condiciones de uso y bien cuidado, de repente se estropea sin razón, tornándose en algo obsoleto e inútil.

La obsolescencia programada (o planificada) está asociada a un nombre: Phoebus. Y su nacimiento está asociado a un producto muy específico: las bombillas. Phoebus era oficialmente una empresa de procedencia helvética llamada “Phoebus S.A. Compagnie Industrielle pour le Developpement de l’Eclairage”, pero en el fondo se trataba de un cártel, el cártel Phoebus.

El cártel redujo la competencia en la industria de las lámparas incandescentes durante unos 15 años, y fue sido acusado de haber prevenido avances en la tecnología que podrían haber llevado a la producción de bombillas de una duración mayor. Lo que en la vida real se tradujo en la limitación a 1.000 horas útiles de las lámparas de incandescencia. Cualquier producto que sobrepasase este umbral de uso se arriesgaba a una penalización por no acogerse a esta normativa.

Osram, Philips, Tungsram, Associated Electrical Industries, Compagnie des Lampes, International General Electric, Lámparas “Z”, España y el GE Overseas Group eran miembros del cártel Phoebus. Todas estas empresas eran propietarias de un paquete de acciones en la empresa suiza proporcional a las ventas de sus productos.

Aparentemente, el cártel dejó de funcionar en 1955, pero esta iniciativa fue un estupendo aliciente para que muchos otros fabricantes se animaran a ponerle una caducidad a lo que vendían. Y es algo que, por desgracia, llevamos arrastrando desde entonces y que nos lleva a adquirir nuevos productos en lugar de pensar en repararlos, como ocurre en países en vías de desarrollo.

Empiezan a surgir movimientos preocupados por luchar contra la obsolescencia programada, empeñados en fabricar productos de larga duración, con menor impacto ecológico (transporte, logística, recambios, contaminación…). Uno de ellos es Warner Philips y su proyecto Lemnis Lighting, desde donde venden bombillas de larga duración (25 años de uso) a un precio muy ajustado.

Como curiosidad, la ciudad de Livermore en California ostenta el récord de poseer la bombilla más longeva del mundo. Se colocó en 1901 en una estación local de bomberos y cada año recibe un contundente homenaje. Es la bombilla que ilustra este post.

La bola extra, para quien tenga algo de tiempo libre, la dejo para este documental que habla con pelos y señales sobre este tema: La Obsolescencia Programada. Me lo disfruten.

Solitario online

“El Diseño no intencionado sucede de forma tan natural y con tantos objetos que quienes hacen este uso dificilmente se dan cuenta de sus propias acciones”.

Y esto fue justo lo que le ocurrió a los usuarios del juego desarrollado por el becario Wes Cherry en 1989 con el Solitario para Microsoft, sin recibir ni un duro por ello, por cierto.

Detrás de la idea de incluir este juego en el Sistema Operativo había algo mucho más profundo y serio: que los usuarios interiorizaran un nuevo patrón de interacción con el ratón del ordenador jamás visto anteriormente: el drag & drop (arrastrar un item con el cursor y llevártelo a otro lado) . El juego que Wes creó se basaba precisamente en este gesto, pero generó algo tan adictivo que él mismo reconoció que tuvo que incluir un “Botón Jefe” para que sus jugadores pudieran ocultarlo mientras le daban al Solitario en horario de oficina.

Al final acabó por convertirse en la aplicación más usada de Windows. Tal fue la adicción generada entre sus usuarios que más de uno tuvo que tratarse en manos de especialistas en adicción a ordenadores.

Creo que es el mejor e ejemplo de diseño no intencionado que me he encontrado hasta la fecha…

Rautatientori. Helsinki

Cuando empecé a trabajar por mi cuenta (y con este año que comienza entramos ya en el quinto consecutivo), tuve claro que mis primeros proyectos deberían ser en el extranjero. Creía que la mejor forma de aprender y evolucionar sin tener que pagarme un MBA o algo parecido era trabajar por temporadas fuera de mi país. Esto me permitió poder disfrutar, trabajando y aprendiendo, en ciudades como Lisboa, París, Londres o Helsinki.

Creo que la experiencia más enriquecedora personal y profesional fue Finlandia (échale un vistazo a las “Helsingfors Series” de este blog, donde comento algunas curiosidades de este período). Trabajaba en las oficinas de Fjord en Helsinki, que aún no tenía ni sede en Madrid. Para empaparte de su cultura de empresa tenías que pasar casi necesariamente por territorio finlandés.

Durante mi estancia allí, para un foráneo como yo, todo era duro: la soledad, el frío, la oscuridad, el idioma… Aparte, claro está, del trabajo que desempeñaba, que también tenía su aquel.

Para paliar todo esto, la pinta de cerveza con los colegas de trabajo era tu mejor aliado. Y fue en estos garitos donde empecé a escuchar “Sisu“. Esta palabra no tiene traducción directa en nuestro idioma, y es muy probable que en el idioma finlandés tampoco, pero se ha convertido en un símbolo nacional: Sisu es una marca de camiones finlandesa, el nombre de uno de sus rompehielos, una marca de chocolate, el nombre de un monumento y así hasta lo que uno pueda imaginar.

“Sisu” es tenacidad, también es valentía y coraje, es la habilidad de seguir luchando cuando la mayoría desiste, de luchar con la esperanza de ganar, es lo que aquí denominaríamos “tenerlos bien puestos”, pero un “tenerlos bien puestos” a nivel nacional, que forma parte de la identidad del pueblo. “Sisu” es, en definitiva, el espíritu finlandés. Y probablemente lo que les ha hecho grandes en el mundo.

Recuerdo que cuando volvía a España me sentía raro, quería encontrar algunas similitudes de ese “Sisu” aquí en nuestro país, pero ni rastro. Es más, tenía la sensación de que existía algo diametralmente opuesto: esa queja continua con el “todo va mal” por delante que siembra todas las capas sociales de nuestro pueblo. Pensé (iluso de mi) que con el avance de esta crisis esta mentalidad cambiaría, y que poco a poco uno iría notando ciertos cambios en cuanto al modo de ver las cosas.

La mala noticia es que, cuando algunos medios se atreven a ponerle fecha final a esta crisis, uno comprueba que nuestra mentalidad continua intacta. Ni rastro de ese bendito “Sisu”. Aunque claro, en caso de que este fenómeno se manifestara por estas latitudes no sería una señal de identidad nacional, sino regional. Tendríamos un “Sisu catalán”, otro “Sisu vasco”, otro gallego y así. Pero ya me meto en otros berenjenales.

Esto es lo que nos ha tocao, qué le vamos a hacer.

10 consejos para ser profesional independiente

Si eres de los que está trabajando por cuenta ajena, pero no acabas de encontrar tu sitio, si no paras de darle vueltas a la idea de montártelo por tu cuenta para ofrecer lo que sabes hacer de forma independiente, igual deberías pasarte por estas líneas.

Curiosamente, en esta época tan complicada, escucho con frecuencia a gente con ganas de dejar su puesto de trabajo actual y trabajar de forma autónoma. La decisión no es nada fácil: dejar tu trabajo para lanzarte a lo desconocido impone, sobre todo si tienes una hipoteca, hijos o compromisos familiares de cualquier índole.

Simplemente me ha parecido buena idea compartir mis primeros pasos, la experiencia que yo mismo viví para que quien se encuentre en esta situación tenga algo más en lo que apoyarse. El otro día miré el calendario y ya son 4 años en este plan, que se dice pronto…

Al lío:

  1. Comparte tu intención con amigos y conocidos del sector que ya hayan dado ese salto. Su experiencia te puede dar poderosas pistas para afianzar tu decisión. Otros muchos te dirán que te equivocas, que no es el momento (nunca lo es, ten eso en cuenta), pero si estás realmente motivado este tipo de opiniones no hará más que confirmar aún más tu noble decisión. No te desanimes por el feedback negativo, ¡recoge sólo positivo!
  2. Planea fechas, aunque sea mentalmente. Establecerte como independiente en Julio probablemente no sea la mejor de las ideas, verano a la vuelta de la esquina, horarios intensivos en las empresas (futuros clientes), y empiezas el año fiscal a medias, lo que implica que al año siguiente no tienes referencias completas sobre cómo te fue el año anterior. Lo mejor es arremangarse en Enero. Aunque en septiembre, con la vuelta al cole, tampoco está nada mal.
  3. Montar tu entorno de trabajo es más sencillo de lo que parece: Una mesa grande, silla, portátil, pantalla extra si tienes y conexión es más que suficiente para empezar. Lo demás irá llegando a su debido tiempo (aunque pensándolo bien no te hace falta mucho más…¿Impresora?). Eso sí, en cuanto tengas claro que quieres seguir por este camino plantéate dos cosas: una buena silla, es una inversión si no quieres acabar con hombros y brazos destrozados, y una cuenta Dropbox Pro, algo maravilloso si no quieres comerte la cabeza con copias de seguridad, envíos pesados, etc…
  4. Deja la empresa para la que trabajas por cuenta ajena dignamente, sin malos rollos: A veces los primeros proyectos te pueden llegar por dicha empresa. No tengas prisa por marcharte, deja todos los cabos atados y tu trabajo terminado antes de cerrar la puerta. Avisa incluso antes de lo estipulado por convenio, te quedarás más tranquilo y aunque pienses que te pueda perjudicar en realidad consigues el efecto contrario.
  5. Tener url y dominio propio, actualizar tu web y postear con frecuencia en tu blog no te garantiza nada, pero ayuda a posicionarte dentro del mercado y mantiene tu mente fresca y activa. Si no eres de blog necesitarás al menos tener bien montado tu perfil en LinkedIn. Unas tarjetas también pueden venirte muy bien en momentos muy oportunos.
  6. Prepárate para días muy muy muy intensos y días de calma chicha. Aprovecha esos días de calma para avanzar en lo que realmente quieres hacer a largo plazo. Ten en cuenta que el mundo avanza y tú tienes que hacerlo conforme lo hace él. De otra manera lo que ofreces caducará. Estrategia, la que quieras, pero ten TU estrategia.
  7. Un buen contable te quitará dolores de cabeza y te dejará tiempo para centrarte en tu proyecto personal. No trates de asumir tú este trabajo si no lo entiendes perfectamente. No lo asumas como un gasto, sino como un favor que te haces a ti mismo. Bebe menos cervezas o no vayas tanto al cine.
  8. Si con el paso del tiempo ves que la cosa mejora tarde o temprano te tocará plantearte: montar algo más grande y empezar a contratar gente o asociarte con más gente que tenga una visión vital y empresarial parecida a la tuya. Personalmente creo que tener un socio es mucho más positivo.
  9. La historia de cada uno es un mundo. No tomes nada como referencia, dejarse llevar es parte importante de esta estupenda travesía. Cuanto menos pienses las cosas mejor te irá. Pensar menos las cosas no significa estar como una cabra e ir en plan suicida.
  10. Y un último apunte: marcarte retos de lo que quieres llegar a ganar no hace más que angustiarte. Échate para atrás en tu silla, ponte cómodo y disfruta. Al final del año, cuanto toque cerrar cuentas con el fisco, revisa de forma más detenida a tus cuentas. De la otra manera tendrás siempre esa presión innecesaria de cuánto quieres ingresar.

Generación "Ahum"

A vosotros también os habrá pasado: estar en una comida con amigos o colegas de trabajo y de repente ver que por un momento, mientras hablas no te escucha ni dios, ni te miran, están todos con sus ojos enfocados en el teléfono, respondiéndote con un “Ahum” o “Siimm”, dándote a entender que sí, que te están siguiendo, pero sin soltar el cacharro, pendientes del Mail/Whatsapp/Instagram/Twitter/Path/Facebook o de enfocar el aparato para hacer la foto del plato perfecta o de encontrar en la Wikipedia cualquier chorrada que ha surgido en otra conversación.

Esta situación también es muy recurrente entre parejas y genera las cada vez más habituales crisis del “no me haces ni puto caso” o “para qué coño te comprarías este cacharro”. Cuando uno se “desengancha” lo empieza a ver desde otra perspectiva: se trata de una absoluta falta de respeto y educación para el que tienes delante, lo mires por el ángulo que lo mires.

El problema es que al ser una situación tan reciente, no es visto como una falta de educación (al menos en nuestro país, en otros ya existe etiqueta para esto), pero lo es, desde luego que lo es.

Pero es que además es un problema que cada vez gana más adeptos. Los que adquieren un teléfono “inteligente” se sienten incapaces de desviar su atención del dispositivo y cualquier motivo y situación es el momento ideal para desenfundar el cacharro y empezar a darle a la tecla (gran culpa de esto la tienen las notificaciones). El problema es especialmente grave en los hombres; si hay alguna mujer leyendo este post sabrá de qué estoy hablando…

¿Qué nos está pasando? ¿Será que el origen está en ese miedo a perdernos algo (como brillantemente describió Alberto Knapp en El País)? ¿Serán simplemente las notificaciones? ¿Hay algo que podamos hacer nosotros, los que definimos apps para todo tipo de dispositivos, para evitar este tipo de situaciones? ¿O habrá que esperar simplemente a que todo fluja de forma orgánica y natural y se empiecen a generar las correspondientes etiquetas para este tipo de situaciones?

Existen iniciativas fabulosas que tratan de tocar el origen de este problema y que están consiguiendo resultados sorprendentes, como el movimiento Phone Stacking, “un juego que pretende acabar con la adicción al WhatsApp y a Twitter con una misiva muy clara: el primero que toque el móvil en la mesa, paga la cuenta”.

La foto la he cogido del NYT, de este artículo que también merece una lectura: Play With Your Food, Just Don’t Text!

El fenómeno fashionvictim es algo que ha dejado de ser nicho de las grandes urbes. En cualquier ciudad de provincias te puedes encontrar con gente siguiendo las últimas tendencias de la moda, con todo perfectamente calculado: desde el pantalón ligeramente caído, asomando medio calzoncillo/tanga, hasta ese flequillo astutamente descolocado. Todo planificado. Es como un hobby más, está claro, y si encima te hace sentirte más cómodo y seguro de tí mismo, pues ¿por qué no?

Pero en este mundillo de la moda hay algo psicológico que no acabo de entender bien, bien: y tiene que ver con las caras que ponen estos modelos “urbanos”. Con el tiempo he conseguido agrupar estas caras en tres tipologías distintas: “me duele”, “me he perdido”, o “estoy enfadado/a”. Es como si para completar ese modelo que llevas puesto tuvieras que poner cara de dolor, o de enfadado, para que todo sea perfecto, para que vayas niquelado.

Como no es plan de ponerse a tirar fotos a las caras de la gente que va por la calle, me remito a las grandes celebridades, que son las que deben tener gran culpa de todo esto. Aquí tenemos a Paris Hilton, a la última, pero “cabreadísima”:

Y aquí tenemos a una modelo, con aire de “me he perdido”:

Sal a la calle y verás. De momento he cazado estas 3 tipologías, pero si alguien quiere aportar más estupendo. ¡Esto es una plaga!

El otro día me sucedió una cosa curiosa: estaba en el centro de Madrid y me disponía a coger un taxi. Frente a mi había uno que estaba acabando un servicio parado en el carril Bus, el clásico Skoda. Por detrás venía otro en marcha, pero este era un Mercedes. No me lo pensé dos veces y alcé la mano, pero con la intención de coger el Mercedes, no el Skoda. El taxista del Skoda, viendo la maniobra, empezó a marcarse ráfagas con las luces insistentemente y a pitar, como diciendo (no sé si a mi o al conductor del Mercedes que ya estaba parado frente a mi) que él estaba primero, y que era ahí donde de debía montarme. Cada uno elige lo que paga, o al menos así debería ser.

Y fue en ese momento cuando me di cuenta de porqué le tengo tanta manía a los taxistas. Y creo que no exagero si hago extensible esa manía al resto de usuarios de taxis de Madrid. Y es que en el fondo la manía no es al taxista, sino al taxi…
Los taxis Skoda (y por extensión los SEAT Toledo y similares) de Madrid transmiten una imagen poco “glamourosa” de la ciudad. No apetece cogerlos, suele oler a rancio en su interior y siempre hay algún chirrido que sale de no sé dónde, dándote el coñazo durante el viaje. Cuando conduzco por la ciudad y tengo uno de estos frente a mi, presto atención extra, tratando de anticipar la maniobra sorpresa que suelen tener preparada. Son gente que suele estar subcontratada por un patrón que tiene una flota de varios vehículos. Y eso se nota en el servicio que ofrecen.

El conductor del Mercedes me cobró lo mismo que me habría cobrado el otro tipo. Pero además me ofreció un razonamiento obvio del porqué eligió ese modelo: los usuarios suelen decantarse por un Mercedes cuando ven venir varios a la vez libres. El taxista era consciente del coste superior en mantenimiento que tienen este tipo de vehículos, pero prefería ofrecer un servicio diferenciado, en el que el cliente estuviera a gusto y satisfecho, que se bajara contento. A lo mejor – decía él – gano un poco menos, pero quiero tener un coche a la altura del servicio que me gusta ofrecer.

Y al final pagan todos los del gremio, por desgracia. Pero la realidad es que los que tienen estos modelos de “taxi económico” transmiten una imagen de un servicio poco cuidado, que no está a la altura de lo que pagas. Habrá muchos que ofrezcan un servicio impecable, con el interior del coche niquelado, pero eso no es suficiente, y no lo es porque no se ve desde el exterior, a pie de calle, que es desde donde se coge el taxi…

Madrid debería apostar por otros modelos de taxi, que miren menos el mantenimiento del vehículo y primen más la experiencia de viajar en un taxi, por la capital de un país europeo (y aquí el Ayuntamiento debería aportar su granito de arena, claro). Quizás deberían existir incluso varios colores, acordes con el estado anímico de los clientes, ¿para eso sirven los colores, no? Creo que con la cantidad de letras, bandas y luces que un taxi porta, se podrían distinguir perfectamente aunque fueran de otro color. Seguro que nos alegrarían más la vida y a lo mejor harían más servicios.

En una ciudad la movilidad es prioridad #1, y Madrid debería ofrecer un servicio de taxis acorde con la imagen internacional que pretende transmitir. Que estos Skoda sean los taxis que mayormente se vean cuando uno llega desde el aeropuerto de Barajas, me parece que transmite una imagen poco positiva de la ciudad (sin mencionar las peloteras que se montan por “cazar” a los clientes, que eso es otra historia).

No les tenemos manía a los taxistas, les tenemos manía a la caspa que transmiten esos Skoda. O así lo veo yo…

La foto, de PepeZoom.

Se me ocurrió hace unos días, tras romper una vela y ponerme a repararla.
Si estamos todo el día navegando (en Internet), ¿por qué no extrapolarlo a lo real (navegar en el mar)?

Con esta idea en mente definí unos “adhesivos corporativos”, promocionando los servicios de Seisdeagosto.com en “alta mar”. Si alguien quiere ver su start-up reflejada en este auténtico escaparate náutico que me pase un par de adhesivos.

Será un placer promocionar lo más cañí de las start-ups españolas a golpe de viento y salitre.

Por cierto, fantástico el servicio que Zazzle.com ofrece para generar tus propios adhesivos.

Philippe Starck puede estar satisfecho. Su famoso exprimidor de zumos (el Juicy Salif) ya tiene sucesor: se llama Mysqueeze.

El autor de este nuevo objeto de culto se llama Roland Kreiter, un diseñador alemán de tan solo 27 años.

Kreiter competía en un concurso diseño de producto en el que participaba como juez el propio Starck. Kreiter no sólo ganó el concurso, además Starck ofreció al joven diseñador una beca para trabajar en su propio estudio y comercializar su innovador exprimidor, como un homenaje a su icónico Juicy Salif, realizado 20 años atrás.

El producto está ya en el mercado y tiene un precio de €44. Y servidor se lo está pensando.

Más información sobre este cacharro: Mydeco.com/press-office/mysqueeze

En un viejo almacén a las afueras de Paris existe uno de los mayores paraísos para los amantes de los vehículos retro: la fábrica Flins de Renault.

Es aquí donde los fórmula 1 de la casa, los prototipos que nunca vieron la luz o los que marcaron un antes y un después (Alpine, Fuego, 5 Turbo…) vienen a reposar para siempre, cubiertos por un fino plástico para que el polvo y el tiempo no los entierre para siempre.

La colección es inmensa, pasillos y pasillos llenos de coches de competición, concept-cars o incluso, la bicicleta Renault que montó Bernard Hinault. El siguiente vídeo muestra tan sólo los modelos de la serie Turbo 2 y 5GT (Youtube, 2:02min):

¿Se puede visitar este sitio? Pues parece ser que sí, que por €40 y pidiendo cita previa podrás disfrutar de una jornada mezcla de olor a grasaza e historia.

¡Si alguno se anticipa que cuente la experiencia!