Google Glass y su modelo de interacción

A la gran mayoría nos ha emocionado ver el último producto de la casa Google: Glass. Un cacharro que franquea las barreras establecidas hasta ahora en cuanto a diseño de productos digitales se refiere, ya no nos sorprende viniendo de quien viene.

Pero, después de ver decenas de vídeos sobre cómo funcionaba semejante aparato, había algo que no me acababa de convencer. Y de repente dí con la tecla:

Google glass es un dispositivo que plantea nuevos patrones de interacción sobre una parte de nuestro cuerpo poco acostumbrada a tener poder digital (aunque estemos acostumbrados a verlo en películas). La base de este producto a nivel de interacción tienes tres patas: un mix de voz, realidad aumentada e interacción táctil.

Esta última pata es para mi el fallo que veo en este producto: un modelo de interacción táctil, ya obsoleto, montado sobre algo mucho más innovador: la voz y la realidad aumentada. No sólo eso, además han hecho de este modelo de interacción la principal característica en cuanto a su diseño industrial: esa patilla lateral blanca donde debemos deslizar nuestro dedo para realizar y/o confirmar determinadas acciones.

Personalmente me parece lo mismo que tener una pantalla táctil y tener que enchufar un teclado y un ratón para poder usarla. O como aquellos primeros modelos de teléfono con pantalla plana donde sí, la pantalla era táctil, pero convivía con ciertas interacciones basadas en apretar botones físicos, de los de verdad.

Obviamente el modelo evolucionará y sacarán un producto impecable, pero a estas alturas me froto los ojos cuando pienso en la gente andando por la calle tocándose la patilla de la Google Glass, limpiándola porque ya está guarrilla o realizando el gesto varias veces porque no ha pillado la orden, al tiempo que sueltan “Ok Glass” y palabrejas así.

Es lo que hay cuando se sacan productos que rompen los moldes establecidos: que resulta nacesario basarse en modelos ya aprendidos e interiorizados para evitar que el usuario final tenga dudas en cuanto a su funcionamiento.

Ale Muñoz dándolo todo en la edición del año pasado

Que una formación de este tipo vuelva a la carga con una segunda edición sólo puede ser una buena noticia.

El Máster de Usabilidad y UX ya tiene fecha de arranque: será el próximo día 23 de noviembre y se impartirá en las oficinas que KSchool tiene en Madrid capital.

Seguiremos apostando por ese carácter práctico que marcó la primera edición, con el objetivo de que quien complete estos cuatro meses de formación pueda entrar a formar parte del mercado laboral, cuya demanda de profesionales de este sector continúa al alza. Obviamente habrá novedades después de la experiencia del año pasado que esperamos ayuden a mejorar en todo lo posible.

Como siempre, detrás de todo el tinglado estaremos Isabel Inés, Ignacio Buenhombre y yo mismo, pero con la estupenda noticia de la incorporación de Pilar Esteban en la organización.

Aún estamos pendiente de confirmar toda la lista de profesores, pero de momento todos los de la primera edición nos han confirmado su interés en seguir participando en esta nueva edición: seguiremos contando con lo más selecto y cañí de la profesión dentro del panorama español. Vaya por delante nuestro agradecimiento por querer seguir apostando por la formación en este área.

Una vez más, agradecer también toda la labor de apoyo que desde Kschool nos bridan y en especial a Alejandro Doncel, Jorge Llorente, y Agustín Carbajo: gracias por vuestra ayuda para que todo esto sea una realidad.

SI ESTÁS INTERESADO EN APUNTARTE, SEXO GRATIS.
Es para que continues leyendo, que si no te me escapas ;) Antes de lanzarte a preguntar te recomiendo que te leas todos los detalles siguiendo el enlace que verás a continuación. Desde ahí podrás incluso formalizar tu preinscripción para entrar en el proceso de proceso de selección:

http://kschool.com/cursos/master-en-usabilidad-y-experiencia-de-usuario/

Si quieres saber algo más sobre cómo fue la primera edición pásate por este par de enlaces:
Los ya clásicos apuntes de Roser Blanco, que formó parte de la 1ª edición.

Nuestro cajón desastre para compartir impresiones, fotos, dudas…

Rutina de pasos cuando hablamos por teléfono

Curiosus Rituals es un proyecto de investigación llevado a cabo por el Art Center College of Design, en Pasadena. Sus autores son Nicolas Nova (The Near Future Laboratory / HEAD-Genève), Katherine Miyake, Nancy Kwon y Walton Chiu.

El proyecto va sobre gestos, posturas y ritos que con el uso de la tecnología van surgiendo sin que nos demos cuenta: desde los círculos que vamos haciendo con nuestros pasos cuando hablamos por teléfono a ese innato gesto de apretar con las dos manos nuestro mando a distancia cuando éste no responde como esperamos. El más divertido es sin duda el de levantar la mano cuando estamos en el WC y la luz automática nos deja a oscuras dentro del recinto:

Gestos automáticos provocados por la tecnología

No sé a vosotros pero a mi parece un ejercicio tremendo de observación del comportamiento humano, de cómo la tecnología está entrando sigilosamente en nuestras vidas para cambiarlo todo.

Aquí teneis el susodicho estudio: Curious Rituals (en .pdf)

Ver películas online: El principio de "Cariño, levántate tu"

Ver películas online, con un catálago interesante y una calidad más que correcta, empieza a ser realidad en nuestro país. Atrás dejamos la gestión de las descargas y de los subtítulos para poder ver una película que, probablemente, no verías nunca más y que ocupaba un espacio inútil en tu disco duro.

Un montón de proveedores se han apuntado a esta carrera: Wuaki.tv (que recientemente fue adquirida por el gigante nipón Rakuten), Youzee.com, Filmin.com, Cuevana.tv o Mubi.com ofrecen este tipo de servicio gratis o a un precio bastante asequible. Esta competencia es un claro indicador de que el mercado se mueve.

Sin embargo, hay una serie de detalles básicos que muchos de estos servicios no tienen en cuenta. Probablemente porque el foco está en ofrecer el mayor catálogo de películas, en lugar de ofrecer una experiencia de uso fina y acorde con el contexto de uso. Muchos lucen un diseño implecable, pero no están obsesionados con facilitar el disfrute del “momento película” al máximo: relajado en el sofá y con cero ganas de levantarte. Si hay algo que falla en estos momentos lo primero que harás será buscar a alguien que se levante por ti…

¿Cuáles son esos detalles? Después de un buen puñado de películas a mis espaldas, desde distintos proveedores, me atrevería a lanzar estas 4 ideas:

  • La carga del vídeo: casi todos los proveedores activan la carga del vídeo tras pulsar la opción “Play” o cuando he pagado. Este detalle provoca que, en ocasiones, la línea de visualización atrape a la línea de carga y que el usuario tenga que pasar por ese molesto mensaje de “cargando película” o similar. Es el mensaje más frustrante que uno puede encontrarse, porque sabes que toca esperar.
    La carga de una película debería comenzar mucho antes de pulsar el botón Play, probablemente nada más entrar en la ficha de la película, mientras que estamos tomando la decisión. Este detalle disminuiría la probabilidad de encontrarnos con ese molesto mensaje de carga. Instagram hace algo muy similar: la carga de la foto ya se está haciendo mientras estamos seleccionando qué filtro queremos ponerle a la foto. Es una interacción transparente para el usuario pero que se agradece. Y mucho.
  • Mantener los filtros de búsqueda: decidir cuál es la película que quieres ver requiere su tiempo, muchas veces es una toma de decisión en pareja (o en grupo) y llegar a un consenso no siempre es tarea fácil. Aquí los filtros y el orden del catálogo juegan un papel fundamental: ¿Versión original o doblada? ¿Comedia o drama? ¿Con o sin subtítulos? Es muy molesto que, una vez seleccionados esos criterios de selección, tras haber entrado en la primera ficha de película y pulsar el botón “Volver”, lo que tengas delante sea un listado que se ha saltado a la torera el filtro (y el orden) que te habías molestado en dejar a tu gusto… El clásico fallo de no poder navegar desde la ficha de una peli hacia otras pelis sigue campando a sus anchas.
  • Qué debe hacer la opción pausa: En el momento en el que selecciono la pausa probablemente tenga que levantarme del sofá para, desde el ordenador, seleccionar dicha acción (creo que de momento es la opción más habitual, igual me equivoco). En esa transición sofá-ordenador hay unos segundos en los que la atención está menos centrada en la peli y más en darte prisa para perderte lo menos posible mientras que estás en tránsito. Sería un regalo de dioses que, al continuar viendo la peli, el visualizador me retrasara 10 segundos para atrás la película tras reanudarla, para volver a entonarme y refrescarme la memoria tras la pausa. Es algo que muchos de nosotros hacemos cuando nos volvemos a sentar: “rebobinar” unos segundos hacia atrás antes de sentarnos.
  • Finalmente, y no menos importante: mantener el estado “visited” en los enlaces del catálogo, para saber si ya he pasado por una peli o no en mi exploración para encontrar la película que me apetece. Y todo porque, de repente, los enlaces visited han desaparecido de nuestras pantallas, cuando en un directorio son fundamentales para que a la hora de seleccionar tu película tengas bien claro por cuáles has pasado ya.

Son detalles tan sutiles que seguramente pasarán desapercibidos para la mayoría de los mortales. Pero estos pequeños gestos son los que hacen ganar usuarios fieles. Humanizar la tecnología es ponerse en el papel de quien va a usar tu herramienta. En un mercado con tanta competencia tener en cuenta estos pequeños detalles puede ayudar a posicionarte sobre el resto.

La foto viene de Flickr: When no plan is a good plan

Si rompes pagas

Reconozcámoslo: nos gusta toquetear. Todo lo que lleva el “prohibido tocar” pasa a un terreno incierto, donde se intuye menos gozo y disfrute. Que nos quiten el toqueteo de cualquier cosa nos fastidia, tocar forma parte de la exploración del mundo que nos rodea. A veces incluso forzamos el límite y pasamos por alto lo prohibido, a sabiendas de las consecuencias que esta desobediencia puede provocar…

Probablemente esa es una razón más por la que todo lo que tiene que ver con el mundo tablet o móvil está teniendo tanto auge: todo es táctil, tus dedos sirven para pinchar sobre algo, para hacer zoom, para arrastrar elementos, escribir… Y encima te lo puedes guardar en un bolsillo. Brillante.

Echando la vista atrás casi ni recordaremos que no hace mucho tiempo atrás existieron iniciativas para acercar los ordenadores a las personas. Los primeros precursores del HCI (Human-Computer Interaction) dieron mucho que hablar con el modelo CLI (Command Line Interface), donde a través de pequeños comandos podíamos generar acciones en la máquina. Los más viejos del lugar lo recordarán con cierta nostalgia.

Más tarde, este primer modelo de interacción evoluciona hacia lo que sin duda hoy conocemos más: el GUI (Graphical User Interface) donde a través de un cursor pegado a nuestra pantalla, propulsado siempre por un ratón, y una metáfora de escritorio podemos mandar órdenes hacia el ordenador. No entendemos un ordenador sin el ratón… ¿O sí?

Lo que está pasando actualmente es una fabulosa transición del modelo GUI hacia el NUI (Natural User Interface), donde extremidades de nuestro cuerpo forman parte de la interacción con la máquina. Tu cuerpo, sin darte cuenta, es el cursor, todo es más fluído y rápido.

Se habla de un modelo OUI – Organic User Interface – (y que ya comentamos hace años por aquí) un nuevo concepto aún por explorar donde la interfaz es cualquier superficie, no hace falta que sea plana, adaptada al contexto de uso. Va un poco en la línea que siguen iniciativas como las “gafas de Google”, un proyecto aún en pañales – pero como lo fué también en su momento el modelo CLI, no lo olvidemos -.

Merece la pena pasarse por este vídeo que hace días lanzó la gente de Google promocionando el concepto (YouTube, 2:30min):

A pesar de ese efecto Wow! que enseguida provocan este tipo de presentaciones, probablemente estaremos un buen tiempo sobre este modelo de interacción, que nos permite disfrutar de la tecnología de forma sencilla e intuitiva y que es aprendido e interiorizado de forma rápida y natural por cualquier persona, tenga la edad que tenga.

En el momento en el que conceptos como ratón, o escritorio dejan de estar presente en nuestro día a día te das cuenta de que algo está cambiando. Cuando el ratón desaparece el modelo de “ordenador” como lo conocemos hoy en día deja de tener sentido y su fin empieza a estar más cerca. El NUI ha llegado para quedarse.

Últimamente ando dándole vueltas a las notificaciones que uno recibe en cualquier dispositivo (móvil, iPad, portátil…) y las interrupciones que esta simple funcionalidad genera en el día a día de las personas. Aunque no lo parezca, un detalle tan sutil – necesario e inútil a partes iguales – afecta a nuestra forma de trabajar y creo que nadie se ha preocupado aún por encontrar un equilibro correcto en su forma y frecuencia.

No me equivoco si digo que esta funcionalidad nació en el mundo digital a raíz de los avisos que recibíamos cuando en nuestro gestor de correo electrónico de turno saltaba un nuevo email, o cuando recibías un SMS en los primeros móviles que circulaban por nuestros bolsillos, quizá lo más parecido anteriormente podría ser la invasión de la intimidad que provocaba una llamada a nuestro teléfono fijo. Para mi ese fue el principio, o el final, según se mire.

Llamadme perro viejo, pero cada vez que me suscribo a un nuevo servicio web o me instalo una app lo primero que hago es desactivar las notificaciones y no permitir la geolocalización (porque sé que de alguna manera salpicará y me enviarán notificaciones). Para mi las notificaciones son un invento estupendo para enganchar, pero una funcionalidad del diablo una vez que utilizas la herramienta de forma regular: lo único que genera son microinterrupciones en tu día a día, aparte de las que ya tienes por otro lado. ¿Será que hay comportamientos diferentes en función de la experiencia de uso? Yo creo que sí y de alguna manera manera este podría ser el “ciclo vital” de una notificación:

El novato
Recibe notificación ->
Consulta la notificación casi inmediatamente ->
Genera expectativas positivas (WIN)

El experto
Recibe notificación ->
No consulta la notificación hasta que se le acumulan unas cuantas ->
Genera estress (negativo) ->
Cancela notificaciones (FAIL)

Cuando estás usando una app o una herramienta digital desde hace poco tiempo y recibes notificaciones nuevas, tus prioridades cambian de repente, lo que estabas haciendo deja de ser importante y tu nueva prioridad se centra en encontrar la opción para dejar de ver esa notificación en forma de globo con un número, indicándote la deuda pendiente que tienes con esa app o herramienta. De alguna manera sientes intriga por lo que se oculta tras ese nuevo aviso, ya que es algo fresco, nuevo. Genial para los que empiezan, pero ya está.

El resto usuarios ¿de verdad necesita más de esto en su vida? La lucha contra estos “globos” es la antigua lucha contra la negrita que teníamos cuando sólo usábamos el email y nuestro objetivo era dejar la bandeja de entrada a 0.

Creo que las notificaciones deberían adaptarse de forma natural y orgánica a la experiencia que va adquiriendo quien la utiliza. El usuario inicial no siente necesidad por el servicio que ofreces y esas notificaciones precisamente lo que consiguen es que recuerden el servicio. Cuando uno tiene interiorizado el servicio y éste forma parte de su día a día, las intrusiones del dispositivos no son tan necesarias, el usuario te visita tenga o no tenga notificaciones porque ya has creado una necesidad (y es para aplaudirte si lo has conseguido, obviamente), pero probablemente no necesites ser tan insistente. La clave reside en saber cuándo y cómo realizar ese cambio.

Quizás un enfoque más adecuado sea establecer una determinada cantidad de notificaciones, y saber a ciencia cierta de que esas notificaciones han sido consultadas. A partir de ese límite la frecuencia debería disminuir e ir adaptándose a la experiencia del usuario. Pero hasta que eso ocurra, yo de momento voy por la vida sin recibir notificaciones, todo lo que se puede desactivar está en off, y os aseguro que desde entonces mi detergente me lava blanquísimo.

De:

  1. Tener que levantar la mano o incluso ponerme de pie cuando estoy en un wc público haciendo “de vientre” en DEFCON 1 porque se ha apagado la luz.
  2. De que se me cierre la puerta del ascensor automáticamente justo cuando estoy saliendo con la compra del súper.
  3. De que tener que volver sobre mis pasos cuando entro en un centro comercial porque la puerta sigue igual de cerrada, o en el aeropuerto, con la maleta y tal.
  4. De que cada vez que entro en un cuarto de baño de un restaurante tenga que ponerme a bailar como un ganso para que se encienda la luz.
  5. De tener que darme prisa al enjuagarme las manos porque el chorro del agua se corta enseguida.
  6. De tener que salir del lavabo sin enjabonarme las manos porque el dichoso aparato suena, parece que hace algo, pero luego no suelta el jabón, que es lo que yo quiero.
  7. De tener que (introduzca concepto) / (introduzca tipo de cabreo).

Que cansino…

La semana pasada tuve la oportunidad de participar como ponente en el Iniciador de Ciudad Real (desde aquí reitero mi agradecimiento a la excelente organización).

Mi intención era darle a la charla un enfoque diferente, ya que en principio tenía frente a mi a emprendedores y no a especialistas del sector en sus diferentes vertientes. La siguiente imagen fue un excelente recurso para orientar el discurso:

Si observáis atentamente, se trata de un cartel colocado en la luna de un coche ofertando la venta del vehículo, de un vecino que tengo al lado de casa. El propietario tuvo la idea de incluir esas pequeñas tiras de papel para que cualquier persona interesada pudiese coger el número de teléfono y llamar más tarde. El único detalle es que dicho cartel estaba colocado por detrás de la luna del vehículo. De esta manera se generaba una fina capa transparente que impedía a cualquier peatón poder hacerse con la mencionada tira de papel con el teléfono: una metáfora perfecta de cómo la falta de interacción (algo tan intangible y casi transparente) puede llegar a limitar un negocio (en nuestro caso, orientado en Internet).

Trabajar para start-ups me está haciendo ver la cantidad de recursos que se pierden (y el stress innecesario que se genera) por no tener una interfaz correctamente definida. Me sorprende la cantidad de ideas que empiezan con el tándem “emprendedor diseñando las interfaces a golpe de Word o PowerPoint” y el “desarrollador diseñando el no-diseño que ha generado el emprendedor”. Frases como “darle un espacio de dos “Enters” para separar elementos dentro de la interfaz me han dejado marcado… En estas situaciones son dos personas las que diseñan: el emprendedor y el desarrollador, que trata de traducir la propuesta del emprendedor. Cuando lo lógico es que cada uno se dedique a lo suyo, uno hacer negocio y otro montar la estructura de desarrollo, dejando el diseño de interfaz para quien sabe del tema.

Afortunadamente, emprendedores destacados de nuestro país lo tienen bastante más claro, y están empezando a hacer notar la importancia de tener a un especialista en diseño de interfaces en los negocios que se crean en Internet: François Derbaix, Oscar Matellanes o Jesús Encinar son claros defensores de esta posición.

A veces pienso que este rechazo a considerar a un especialista puede surgir por el esos títulos tan confusos que sólo los que nos dedicamos a esto conocemos (a veces ni eso). Si te dedicas al diseño de interacción seguramente te hayas encontrado en la situación de tener que dar detalles más específicos sobre tu profesión. Seguro que ya intuyes la cara torcida de esa persona con quien conversas cuando mencionas palabrejas como interacción, usabilidad o experiencia de usuario.

Si se dan estas situaciones de este tipo a lo mejor es porque nos hemos dejado llevar por un título que no es fácil de entender, que no transmite la idea del valor que aporta. Y para mi es como tirarte piedras contra tu propio tejado: no es posible que un profesional que se dedica a simplificar procesos se describa a uno mismo con un título tan marciano para los profanos, derivado del inglés. ¿No sería más sencillo que nos describiéramos como “Expertos en facilidad de uso” o algo por el estilo? Pero esto ya es carne de otro post, que se me va de las manos el teclado…

Si sales a darte una vuelta por algunos puntos de nuestras ciudades verás que hay una serie de líneas especiales sobre las aceras, como la foto que ilustra este post. La primera idea que se le viene a uno a la cabeza es que sirven para orientar a personas con alguna discapacidad visual por la ciudad, pero a mi me da que tiene que haber una cámara oculta por algún sitio.

En la imagen trato de destacar la ruta que hace la mayoría de los peatones y la que sugieren estas guías. No acabo de entender por qué estas personas no sólo tienen que seguir una ruta distinta a la que sigue el resto de peatones, sino además una ruta completamente ortopédica: con líneas rectas y cambios de dirección de 90º, como si fueran robots. Por un lado se habla de integración y por otro estas personas, cuando pasean o van a su lugar de trabajo, tienen que hacerlo no sólo separados del resto, sino además realizando unas rutas completamente ridículas y hasta peligrosas, como este otro ejemplo, cuya guía te orienta directamente hacia un desnivel de varios metros para luego hacerle girar 90º y contornearlo (??¿?):

Es cierto que, quien emplea un bastón para orientarse anda con cierta separación de estas guías, pero a pesar de todo, necesita hacer esos ridículos cambios de dirección, casi humillantes. ¿No hay guías más naturales? ¿No hay alguna posibilidad de que no consistan sólo en líneas rectas y giros de 90º? En el fondo me temo que la respuesta es no. Y la razón está en que el diseño de estas guías se basa en una “retícula” pésimamente diseñada, que es la acera española, y el diseño de las losas que componen estas aceras hispanas provoca que tengamos que condicionar la funcionalidad de algunas cosas tan importantes como guiar a las personas con visibilidad reducida.

El diseño de este tipo de soluciones, tan necesarias para algunas personas, debería estar implementado de tal manera que resultara algo sencillo, amigable, pero sobre todo que los gestos y el esfuerzo necesarios para utilizar estas guías surguiesen de forma espontánea y natural, que casi ni se notase que alguien anda orientándose sobre esas guías.

Ya hablé en su momento de nuestras aceras. Por si quieres darte una vuelta.
Y sobre Wayfinding también se comentó algo en esta casa.

No sé si alguien de los de arriba, de los que dirigen este país, se ha parado a pensar en los riesgos que suponen los rádares que instalan en las carreteras.

Supongo que, como viajan en coches oficiales – con chófer – los desconocen, pero voy a intentar contarlo aquí, para que sepan cómo se comporta el conductor medio español cuando coge su coche y se pone en carretera. A groso modo:

  1. Lo más normal es ir un poco pasado de velocidad, tampoco mucho, incumpliendo la norma hasta el límite de tolerancia, es decir el punto justo donde no te multan pero que te permite ir un poco más rápido. Así somos.
  2. Cuando ves el aviso del radar, a través de sus múltiples señales , disminuyes la velocidad para ceñirte justo a ese límite. Estos avisos no tienen ningún sentido, obviamente: precisamente si avisan de que hay un radar en la zona hasta con 3 señales antes del mismo, muy inútil tienes que ser para que te cojan cometiendo una infracción. Pero eso ya es otra historia.

  3. Pasado el radar, cuando empiezas a ver que los coches aceleran, te lo indica tu GPS (actualizado con los últimos rádares) o ves que has pasado la caja verde, regresas a la velocidad de crucero que llevabas antes del radar, por encima del límite. Y así hasta llegar a tu destino.

En la acción de conducir se dan dos interacciones netamente definidas: la del humano con el vehículo, principalmente a través del volante (interacción táctil) y la del entorno con el humano, a través de señales visuales (interacción visual).

En la actualidad, el feedback sólo viene dado por lo que esas señales visuales avisan, ya que el vehículo de hoy, más insonorizado y estable que nunca, no transmite esa sensación de peligro que los coches con más solera transmitían (os acordáis de cuando temblaba el volante cuando pasabas los 110km/h?), en su momento hablé de ello en otro post sobre el Ruído Comfort. Básicamente el feedback táctil se ha perdido y ahora sólo nos queda el feedback visual.

Ahora nos limitan la velocidad con rádares, y aunque los vehículos modernos ya tienen limitador de velocidad, el conductor acaba por estar más pendiente del velocímetro que del entorno, que es lo que de verdad importa. Que estés más atento a un reloj con una aguja que de lo que ocurre fuera mientras conduces me parece francamente peligroso, y si encima es de noche o dentro de un túnel ya ni os cuento.

Algunas ideas a este respecto:

  • La primera es volver a ofrecer feedback en el volante, el único elemento que está en permanente contacto con el humano. Un volante que indicase de alguna manera, sobre su textura, la velocidad a la que vamos, que con sólo pasar el pulgar sobre el mismo volante tengamos claro a cuánto vamos, sin tener que bajar la vista al salpicadero.
  • La otra es crear un nuevo modo en el vehículo, que permita programarlo y adecuarlo a la velocidad límite del país por el que circulas: País en el que circula: España -> 110km/h, Francia -> 130km/h, Alemania -> Sin límite…
  • La tercera es la más sencilla de todas: que el coche venga limitado con velocidad de serie. ¿Qué sentido tiene poder alcanzar los 240km/h cuando lo permitido está por debajo de los 140km/h? Está bien tener cierto margen de velocidad para ciertas maniobras de emergencia, pero más allá de los 180 es pasarse de rosca.

A excepción de la solución volantil, en la que estaría encantadísimo de colaborar, las otras son tan sencillas y económicas que a uno le cuesta entender porqué no están funcionando desde hace tiempo. No quiero imaginarme lo que nos ahorraríamos en rádares fijos, en rádares móviles, en señales de avisos, en controles o en otras mandangas varias…