Google Glass y su modelo de interacción

A la gran mayoría nos ha emocionado el ver el último producto de la casa Google: Glass. Un cacharro que franquea las barreras establecidas hasta ahora en cuanto a diseño de productos digitales se refiere, ya no nos sorprende viniendo de quien viene.

Pero, después de ver decenas de vídeos sobre cómo funcionaba semejante aparato, había algo que no me acababa de convencer. Y de repente dí con la tecla:

Google glass es un dispositivo que plantea nuevos patrones de interacción sobre una parte de nuestro cuerpo poco acostumbrada a tener poder digital (aunque estemos acostumbrados a verlo en películas). La base de este producto a nivel de interacción tienes tres patas: un mix de voz, realidad aumentada e interacción táctil.

Esta última pata es para mi el fallo que veo en este producto: un modelo de interacción táctil, ya obsoleto, montado sobre algo mucho más innovador: la voz y la realidad aumentada. No sólo eso, además han hecho de este modelo de interacción la principal característica en cuanto a su diseño industrial: esa patilla lateral blanca donde debemos deslizar nuestro dedo para realizar y/o confirmar determinadas acciones.

Personalmente me parece lo mismo que tener una pantalla táctil y tener que enchufar un teclado y un ratón para poder usarla. O como aquellos primeros modelos de teléfono con pantalla plana donde sí, la pantalla era táctil, pero convivía con ciertas interacciones basadas en apretar botones físicos, de los de verdad.

Obviamente el modelo evolucionará y sacarán un producto impecable, pero a estas alturas me froto los ojos cuando pienso en la gente andando por la calle tocándose la patilla de la Google Glass, limpiándola porque ya está guarrilla o realizando el gesto varias veces porque no ha pillado la orden, al tiempo que sueltan “Ok Glass” y palabrejas así.

Es lo que hay cuando se sacan productos que rompen los moldes establecidos: que resulta nacesario basarse en modelos ya aprendidos e interiorizados para evitar que el usuario final tenga dudas en cuanto a su funcionamiento.

App de Facebook sin conexión

Piensa en la cantidad de veces que has abierto una app y que por falta de conexión no has podido usar. Seguro que ya has pasado por unas cuantas ocasiones de esas. El teléfono tiene la genial habilidad de fallar en la conexión justo en el momento en el que más lo necesitas.

Existen multitud de razones por las que un dispositivo no dispone de conexión a Internet: en plantas bajas de edificios, en el interior de un ascensor, cuando vas de viaje por tren o carretera y así un largo etcétera. Hay otra razón mucho más habitual: la gente desactiva la conexión a datos para que el teléfono consuma menos batería. Utiliza la wifi del hogar gran parte del tiempo y, cuando sale, sólo la usa en momentos puntuales.

La mayoría de las apps nativas que te encuentras por ahí se están perdiendo una parte importante de este pastel: muy pocas funcionan cuando no tienen conexión a Internet. La experiencia de uso offline es prácticamente nula. Sólamente los grandes se están aprovechando de esto: Evernote, Dropbox o el Mail del teléfono han sabido identificar dentro de sus aplicaciones qué funcionalidades dentro de la app pueden (y deben) seguir trabajando sin necesidad de conexión. Evernote es para mi el mejor ejemplo: ha conseguido que prácticamente no distinga si estoy conectado a Internet o no cuando la uso, es tremendo.

Obviamente, cada app es un mundo, pero hay un montón de detalles que, si te paras a pensar, puedes ofrecerles a tus usuarios sin necesidad de que estén conectados. ¿Por qué razón si vivo en Madrid no puedo ver todo el mapa de la ciudad en mi aplicación de mapas aunque no tenga conexión? o… ¿Por qué no puedo ver en mi tienda online preferida los últimos artículos que visité? O los zapatos que son del 42, justo mi número…

Ofrecer experiencias cuando no existe conexión empieza a ser necesario. Se trata simplemente de hacer un ejercicio de qué cosas puedes ofrecer offline y cuáles son las implicaciones tecnológicas. Si otros lo hacen seguro que tu también puedes.

Haz que los usuarios te recuerden no sólo por lo que haces online. El mundo offline es el más habitual (todavía). La gente no quiere saber si tiene o no conexión, la gente quiere usar tu app.

Alcance del dedo pulgar en un dispositivo movil

Hay que tener muy claro que, en el mundo móvil, apenas tenemos dos “posiciones” para usar un móvil (otra cosa es la postura que adoptamos cuando hablamos):

1. La primera, con una sóla mano, utilizando el dedo pulgar para utilizar el dispositivo.

2. La segunda, cogiendo el dispositivo con una mano y utilizándolo con la otra, a través del dedo índice.

La segunda suele ser adoptada para momentos donde existe cierto relax, más tiempo para consultar nuestro dispositivo. La primera sin embargo es la más usada en nuestro día a día, la que está presente en momentos más cotidianos, es la más rápida de adoptar, pues sólo utiliza una mano.

Nuestro dedo pulgar tiene un alcance muy limitado y hay opciones dentro de la interfaz que son difíciles de alcanzar.

Aunque depende mucho del tipo de app que estés definiendo, ten en cuenta la ubicación y el orden de los items del menú de navegación. El alcance es uno de los principios básicos de la Ergonomía “clásica”. Y esto afecta a la experiencia de uso global de tu interfaz.

Estructura de Soysuper.com

Aún con el eco de todo el ruído de la semana pasada con el lanzamiento de la beta de Soysuper.com, me atrevo a soltar algunas conclusiones e ideas sobre la experiencia de implementar un diseño “responsive” (la palabra de moda del 2013, no olvidar).

En primer lugar decir que estamos francamente sorprendidos con el feedback recibido. Tenemos un montón de ideas y detalles que afinar y mejorar pero, en general, estamos muy contentos con las aportaciones recibidas, tanto por la forma como por el fondo: desde la UX, hasta la velocidad, la navegación o el copy. Y empezar así de verdad que es para quitarse el sombrero.

Bueno, al lío: ¿Qué hemos aprendido de un proceso de diseño responsive? Varias ideas sin orden ni concierto, fruto de lo que hemos vivido estos meses:

1. Lo primero: que esto no es diseñar una app. Hay un montón de cosas que, sólo cuando bajas al detalle reparas en ellas. La primera fue probablemente abordar el tema del navegador en móvil. Un extra de espacio que tienes que resolver como es debido para que no te consuma un espacio fundamental.

2. La idea inicial fue definir una app móvil, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que, con “un poco de esfuerzo” podríamos tener algo que se pudiera ver dignamente en más dispositivos. Así que cuando ya teníamos bastante avanzada la app decidimos dar ese salto, definir la versión desktop y “browsizar” la versión móvil. Todo un desafío. Probablemente fueron los momentos más duros de todo el proceso del parto.

3. Esta decisión supuso un cambio de paradigma bastante importante: el trabajo se multiplicó justo por dos. Cada pantalla que definíamos teníamos que ver cómo respondería tanto en móvil como en desktop. Lo bueno: que aprendes rápido a convivir con ello. El proceso de definición y diseño no es demasiado complejo una vez definido “lo gordo”.

4. La estructura: al final conseguimos llegar a una estructura de fondo, que soportaría Soysuper independientemente del dispositivo. Dar con esta estructura tuvo su historia y, cuando la tuvimos estuvimos varios días tratando de conocerla bien. La tecla aquí está en definir la estructura para desktop y luego ver cómo la escondes a través de ciertos comportamientos en móvil, es sólo cuestión que decidir qué es lo que quieres ocultar y por qué. La foto que ilustra el post es la estructura final acordamos (top secret).

5. Dedo vs cursor: al tener que definir dos versiones en paralelo tienes que olvidarte del efecto rollover para enseñar cosas en desktop, en móvil no existe esta opción y es casi más sencillo pensar en otra solución que sea uniforme para ambos casos.

6. Casi sin darnos cuenta, ya tenemos diseñada en la cabeza la versión para tablet. Como la estructura es la misma en cualquier dispositivo, para tablet sólo tendremos que decir qué enseñamos y qué ocultamos. Y qué elementos de interacción usamos, si móvil o desktop, o los dos a la vez. Ya veremos de todas formas, que aquí estoy yo hablando sin haberlo visto.

7. Me gusta la idea de que hayamos destruído un gran muro: el de evitar la descarga de la app para empezar a usar Soysuper.com. Tampoco es necesario descargarse ninguna actualización, todo sobre la marcha. Lo malo, que de momento no funciona offline, aquí si no tienes conexión a Internet no hay experiencia de uso por ningún lado. Y en una lista de la compra tiene todo el sentido. ¡Dadnos tiempo!

8. La buena noticia es que haberlo hecho bien nos permite a medio plazo poder crear una app Android/iPhone sin comernos demasiado la cabeza. Y eso será genial.

9. No tiene mucho que ver con el responsive pero creo que es importante comentarlo: la importancia del copy está siendo aquí un plus a nuestro favor. Hemos recibido algún feedback de que nos estamos pasando un pelín en determinados puntos (2-3 personas), pero todos los demás se sienten muy a gusto, genera empatía y ganas de seguir usando la herramienta.

10. Tratar de usar pocos estilos para enlaces, texto y botones ayuda muchísimo a transmitir sensación de simplicidad y te quita quebraderos de cabeza para las distintas versiones que tienes. Es un ejercicio que cuesta y que tienes que ir controlando cada cierto tiempo. Es muy fácil bajar un enlace 10 píxeles si no te entra a 12 píxeles, pero si te obligas a usar siempre 12 píxeles, sin excepciones, te obligas a repensar mucho más el problema que tienes delante. Una buena interfaz no se soluciona bajando el tamaño del texto.

Y bueno, para acabar, y aunque ya se haya dicho y suene a topicazo, que es fundamental tener a un equipo que pilote de lo suyo en cada campo. Y que es un gustazo trabajar así. Brindo porque este proyecto dure muchos muchos años!

Logo de Fintonic.com

Recibí la llamada hoy mismo, a primera hora: Fintonic, uno de los últimos proyectos en los que hemos estado trabajando, acaba de obtener el máximo galardón en los Lovie Awards, los Óscars Europeos de Internet, nada menos que en la categoría de mejores prácticas. También ha conseguido mención especial en la categoría en la que es especialista: las finanzas.

El premio en sí no tiene ningún valor si no haces mención al fabuloso equipo que ha estado por detrás, dándolo todo para que esto sea posible. Desde el primer momento vimos tan claro el potencial de la idea y del equipo que fuimos nosotros mismos los que les animamos a presentarse. Y hoy, muchos meses después, ahí están en todo lo alto. Ha sido precioso escuchar, a primera hora de la mañana, la llamada de teléfono recibiendo la noticia, entre risas, emociones y mucha, mucha alegría.

No deja de ser bonito que, estructuras tan sencillas y ágiles como son Seisdeagosto.com, Ilios.org o Tecnilógica.com, puedan tener la capacidad de generar el valor necesario para que una empresa se posicione en los más alto de un podio con tanta competencia, por encima de empresas como Chanel, Nivea, Financial Times o Playstation.

Para el humilde proveedor, como somos nosotros, nos queda un sabor agridulce: contentísimos por semejante resultado, por ver que lo que generas aporta resultados reales, pero por otro lado sin sentirte parte al 100% de todo el equipo. Hoy me hubiera gustado pertenecer a Fintonic, haber disfrutado de esas alegrías que escuché esta mañana.

Hace unos meses comentaba por aquí qué elementos son necesarios para que exista esa sinergia entre cliente y proveedor. Y hoy vuelvo a comprobar que esos elementos que en su día comentaba tienen más sentido que nunca. Mi más sincera enhorabuena a todos los implicados. Ahora falta todo lo demás, que no es poco, pero seguro que se lleva de otra manera.

No sé si consigueré tocar ese premio (la entrega es en Londres). Pero yo ya lo estoy celebrando abriendo una buena cerveza.

P.S.: No os dejéis llevar por la primera impresión de la home (cambia en breve). La chicha está dentro ;)

Ale Muñoz dándolo todo en la edición del año pasado

Que una formación de este tipo vuelva a la carga con una segunda edición sólo puede ser una buena noticia.

El Máster de Usabilidad y UX ya tiene fecha de arranque: será el próximo día 23 de noviembre y se impartirá en las oficinas que KSchool tiene en Madrid capital.

Seguiremos apostando por ese carácter práctico que marcó la primera edición, con el objetivo de que quien complete estos cuatro meses de formación pueda entrar a formar parte del mercado laboral, cuya demanda de profesionales de este sector continúa al alza. Obviamente habrá novedades después de la experiencia del año pasado que esperamos ayuden a mejorar en todo lo posible.

Como siempre, detrás de todo el tinglado estaremos Isabel Inés, Ignacio Buenhombre y yo mismo, pero con la estupenda noticia de la incorporación de Pilar Esteban en la organización.

Aún estamos pendiente de confirmar toda la lista de profesores, pero de momento todos los de la primera edición nos han confirmado su interés en seguir participando en esta nueva edición: seguiremos contando con lo más selecto y cañí de la profesión dentro del panorama español. Vaya por delante nuestro agradecimiento por querer seguir apostando por la formación en este área.

Una vez más, agradecer también toda la labor de apoyo que desde Kschool nos bridan y en especial a Alejandro Doncel, Jorge Llorente, y Agustín Carbajo: gracias por vuestra ayuda para que todo esto sea una realidad.

SI ESTÁS INTERESADO EN APUNTARTE, SEXO GRATIS.
Es para que continues leyendo, que si no te me escapas ;) Antes de lanzarte a preguntar te recomiendo que te leas todos los detalles siguiendo el enlace que verás a continuación. Desde ahí podrás incluso formalizar tu preinscripción para entrar en el proceso de proceso de selección:

http://kschool.com/cursos/master-en-usabilidad-y-experiencia-de-usuario/

Si quieres saber algo más sobre cómo fue la primera edición pásate por este par de enlaces:
Los ya clásicos apuntes de Roser Blanco, que formó parte de la 1ª edición.

Nuestro cajón desastre para compartir impresiones, fotos, dudas…

Rutina de pasos cuando hablamos por teléfono

Curiosus Rituals es un proyecto de investigación llevado a cabo por el Art Center College of Design, en Pasadena. Sus autores son Nicolas Nova (The Near Future Laboratory / HEAD-Genève), Katherine Miyake, Nancy Kwon y Walton Chiu.

El proyecto va sobre gestos, posturas y ritos que con el uso de la tecnología van surgiendo sin que nos demos cuenta: desde los círculos que vamos haciendo con nuestros pasos cuando hablamos por teléfono a ese innato gesto de apretar con las dos manos nuestro mando a distancia cuando éste no responde como esperamos. El más divertido es sin duda el de levantar la mano cuando estamos en el WC y la luz automática nos deja a oscuras dentro del recinto:

Gestos automáticos provocados por la tecnología

No sé a vosotros pero a mi parece un ejercicio tremendo de observación del comportamiento humano, de cómo la tecnología está entrando sigilosamente en nuestras vidas para cambiarlo todo.

Aquí teneis el susodicho estudio: Curious Rituals (en .pdf)

Si rompes pagas

Reconozcámoslo: nos gusta toquetear. Todo lo que lleva el “prohibido tocar” pasa a un terreno incierto, donde se intuye menos gozo y disfrute. Que nos quiten el toqueteo de cualquier cosa nos fastidia, tocar forma parte de la exploración del mundo que nos rodea. A veces incluso forzamos el límite y pasamos por alto lo prohibido, a sabiendas de las consecuencias que esta desobediencia puede provocar…

Probablemente esa es una razón más por la que todo lo que tiene que ver con el mundo tablet o móvil está teniendo tanto auge: todo es táctil, tus dedos sirven para pinchar sobre algo, para hacer zoom, para arrastrar elementos, escribir… Y encima te lo puedes guardar en un bolsillo. Brillante.

Echando la vista atrás casi ni recordaremos que no hace mucho tiempo atrás existieron iniciativas para acercar los ordenadores a las personas. Los primeros precursores del HCI (Human-Computer Interaction) dieron mucho que hablar con el modelo CLI (Command Line Interface), donde a través de pequeños comandos podíamos generar acciones en la máquina. Los más viejos del lugar lo recordarán con cierta nostalgia.

Más tarde, este primer modelo de interacción evoluciona hacia lo que sin duda hoy conocemos más: el GUI (Graphical User Interface) donde a través de un cursor pegado a nuestra pantalla, propulsado siempre por un ratón, y una metáfora de escritorio podemos mandar órdenes hacia el ordenador. No entendemos un ordenador sin el ratón… ¿O sí?

Lo que está pasando actualmente es una fabulosa transición del modelo GUI hacia el NUI (Natural User Interface), donde extremidades de nuestro cuerpo forman parte de la interacción con la máquina. Tu cuerpo, sin darte cuenta, es el cursor, todo es más fluído y rápido.

Se habla de un modelo OUI – Organic User Interface – (y que ya comentamos hace años por aquí) un nuevo concepto aún por explorar donde la interfaz es cualquier superficie, no hace falta que sea plana, adaptada al contexto de uso. Va un poco en la línea que siguen iniciativas como las “gafas de Google”, un proyecto aún en pañales – pero como lo fué también en su momento el modelo CLI, no lo olvidemos -.

Merece la pena pasarse por este vídeo que hace días lanzó la gente de Google promocionando el concepto (YouTube, 2:30min):

A pesar de ese efecto Wow! que enseguida provocan este tipo de presentaciones, probablemente estaremos un buen tiempo sobre este modelo de interacción, que nos permite disfrutar de la tecnología de forma sencilla e intuitiva y que es aprendido e interiorizado de forma rápida y natural por cualquier persona, tenga la edad que tenga.

En el momento en el que conceptos como ratón, o escritorio dejan de estar presente en nuestro día a día te das cuenta de que algo está cambiando. Cuando el ratón desaparece el modelo de “ordenador” como lo conocemos hoy en día deja de tener sentido y su fin empieza a estar más cerca. El NUI ha llegado para quedarse.

Últimamente ando dándole vueltas a las notificaciones que uno recibe en cualquier dispositivo (móvil, iPad, portátil…) y las interrupciones que esta simple funcionalidad genera en el día a día de las personas. Aunque no lo parezca, un detalle tan sutil – necesario e inútil a partes iguales – afecta a nuestra forma de trabajar y creo que nadie se ha preocupado aún por encontrar un equilibro correcto en su forma y frecuencia.

No me equivoco si digo que esta funcionalidad nació en el mundo digital a raíz de los avisos que recibíamos cuando en nuestro gestor de correo electrónico de turno saltaba un nuevo email, o cuando recibías un SMS en los primeros móviles que circulaban por nuestros bolsillos, quizá lo más parecido anteriormente podría ser la invasión de la intimidad que provocaba una llamada a nuestro teléfono fijo. Para mi ese fue el principio, o el final, según se mire.

Llamadme perro viejo, pero cada vez que me suscribo a un nuevo servicio web o me instalo una app lo primero que hago es desactivar las notificaciones y no permitir la geolocalización (porque sé que de alguna manera salpicará y me enviarán notificaciones). Para mi las notificaciones son un invento estupendo para enganchar, pero una funcionalidad del diablo una vez que utilizas la herramienta de forma regular: lo único que genera son microinterrupciones en tu día a día, aparte de las que ya tienes por otro lado. ¿Será que hay comportamientos diferentes en función de la experiencia de uso? Yo creo que sí y de alguna manera manera este podría ser el “ciclo vital” de una notificación:

El novato
Recibe notificación ->
Consulta la notificación casi inmediatamente ->
Genera expectativas positivas (WIN)

El experto
Recibe notificación ->
No consulta la notificación hasta que se le acumulan unas cuantas ->
Genera estress (negativo) ->
Cancela notificaciones (FAIL)

Cuando estás usando una app o una herramienta digital desde hace poco tiempo y recibes notificaciones nuevas, tus prioridades cambian de repente, lo que estabas haciendo deja de ser importante y tu nueva prioridad se centra en encontrar la opción para dejar de ver esa notificación en forma de globo con un número, indicándote la deuda pendiente que tienes con esa app o herramienta. De alguna manera sientes intriga por lo que se oculta tras ese nuevo aviso, ya que es algo fresco, nuevo. Genial para los que empiezan, pero ya está.

El resto usuarios ¿de verdad necesita más de esto en su vida? La lucha contra estos “globos” es la antigua lucha contra la negrita que teníamos cuando sólo usábamos el email y nuestro objetivo era dejar la bandeja de entrada a 0.

Creo que las notificaciones deberían adaptarse de forma natural y orgánica a la experiencia que va adquiriendo quien la utiliza. El usuario inicial no siente necesidad por el servicio que ofreces y esas notificaciones precisamente lo que consiguen es que recuerden el servicio. Cuando uno tiene interiorizado el servicio y éste forma parte de su día a día, las intrusiones del dispositivos no son tan necesarias, el usuario te visita tenga o no tenga notificaciones porque ya has creado una necesidad (y es para aplaudirte si lo has conseguido, obviamente), pero probablemente no necesites ser tan insistente. La clave reside en saber cuándo y cómo realizar ese cambio.

Quizás un enfoque más adecuado sea establecer una determinada cantidad de notificaciones, y saber a ciencia cierta de que esas notificaciones han sido consultadas. A partir de ese límite la frecuencia debería disminuir e ir adaptándose a la experiencia del usuario. Pero hasta que eso ocurra, yo de momento voy por la vida sin recibir notificaciones, todo lo que se puede desactivar está en off, y os aseguro que desde entonces mi detergente me lava blanquísimo.

Todo proyecto en Internet tiene un objetivo básico: solucionar o crear una necesidad a través de este canal. Dentro de ese objetivo tan genérico, en función del tipo de negocio al que te dediques, hay una sección fundamental y dentro de esa sección, existe una acción que destaca como fundamental en toda la estructura web que hay montada alrededor del negocio.

En el caso de los proyectos relacionados con eCommerce, la sección clave más probable podría ser la ficha de un producto y la acción fundamental el botón de compra. Los proyectos de directorio también tienen a la ficha final (de un perfil, de un producto, de un alojamiento…) como sección clave y como acción fundamental probablemente el formulario de contacto o la solicitud de presupuesto. De forma muy esquemática la importancia de cada sección vendría representada de esta manera (menor tamaño, menor importancia):

La importancia de la ficha final en Internet

Siendo la ficha notablemente más importante que el resto de secciones es lógico que también se le asignen más esfuerzos y recursos a la optimización de esta sección, que por regla general (no olvidemos este detalle) suele alojar la acción fundamental de tu negocio. Ya comentamos hace años por qué es preferible acometer un rediseño desde las páginas interiores tiene todo el sentido siendo la página donde más tiempo pasan tus usuarios y donde se suele aterrizar cuando vienes de un resultado de búsqueda.

Pero lo que últimamente me tiene confundido es la cantidad de proyectos en Internet que no sólo no cuidan esta ficha final, sino que prácticamente desprecian la acción fundamental del negocio. ¿Cómo esperan que les vaya bien si no cuidan lo más importante?

Después de varios años asesorando a empresas en Internet, me ha parecido interesante compartir los errores más habituales que uno se encuentra. Creo que muchos negocios se caen por no tener en cuenta estas cosas tan sencillas:

  • La acción final dentro de la ficha debe resaltar mucho más sobre el resto. Sáltate el “libro de estilo” y rompe la consistencia visual si de esta manera consigues destacar más el elemento de interacción fundamental para tu negocio.
  • El ser humano en Internet es perezoso por naturaleza. Pinchar en un botón para acceder a un formulario es un paso adicional, muchas veces innecesario. Desplegar el formulario en lugar de ocultarlo tras un botón incrementará tu conversión, aunque para ello tengas que sacrificar contenido o se genere más scroll (¿quién dijo miedo al scroll?).
  • Si la ficha final tiene una navegación horizontal, compuesta por pestañas, menú vertical o lo que sea, despliega ese formulario al final de todas las pestañas, te sorprenderá cómo este simple detalle incrementará tus contactos de forma notable.

Y luego está “lo de siempre”, pero que parece que no acaban de cuajar:

  • Esfuérzate en asignarle un literal correcto al botón de acción clave, no escatimes en realizar cuantas pruebas sean necesarias para que ese literal sea lo suficientemente descriptivo como para dar a entender la acción que genera, que tenga un buen affordance.
  • Si hay que rellenar datos en esa acción principal, cuida la apariencia del formulario: separa correctamente los campos, agrúpalos cuando tengan relación, ofrece buenos literales, evita palabras como “obligatorio”…
  • Y finalmente, no seas directo y frío con los mensajes de error. Todos tenemos derecho a equivocarnos y cuando esto sucede a nadie le gusta que además le “riñan”. Cuida tu copy para que un lenguaje amable también te ayude a convertir.
  • Date una vuelta por esa ficha final e identifica la acción principal. Seguro que si trasteas unos minutos te saldrán un montón de errores que subsanar. Yo no estaría tranquilo hasta tener bien solucionados esos errores. Recuerda que es la acción principal la que trae dinero a tu negocio. !No pierdas el foco!