Este mes participaré en un par de charlas para hablar sobre lo que más tocamos en esta casa: la facilidad de uso.

La primera de ellas será en Madrid:
- 23 de noviembre a las 18:30,
- Fundación Telefónica,
- Gran Vía, 28,
- Ciclo de internet y nuevas tecnologías.

Será algo muy cortito (20min), para dar a conocer nuestra profesión con la intención de demostrar de alguna manera cómo Internet tiene el potencial de crear profesiones que no existían hace unos años atrás.

La segunda será en Málaga:
- 30 de noviembre a las 11h,
- Sede de la Diputación de Málaga,
- C/ Pacífico, 54,
- Foro de Cooperación Transfronteriza para la Cultura Emprendedora e Innovadora (programa en .pdf).

Participaré en una mesa redonda donde se debatirá cómo una tecnología fácil de usar puede llegar a ser la clave del éxito de una empresa.

Hasta donde yo sé, ambos eventos son gratuitos:
Incripción para la charla de Madrid.
Inscripción para la de Málaga.

El otro día me topé con una anuncio de televisión que promocionaba el nuevo diseño de PáginasAmarillas.es. No dejó de ser un sencillo vídeo promocional donde le daban bombo y platillo a que los resultados tenían fotos, vídeos, o que e incluso se podía opinar sobre ellos (algo realmente innovador en los tiempos que corren). Pero acabé de ver el vídeo con la sensación de que había algo que me chirriaba.

Cuando volví a verlo me di cuenta de la cagada (YouTube, 21s.):

El equipo de publicidad que montó el anuncio, en un alarde de innovación, decidió implementar un nuevo estándar en Internet: la barra de scroll a la izquierda.
Y bueno, tal y como están las cosas, da igual ¿verdad? ¿Queda incluso bien, no?

Actualización: Como comenta @jotajotaz, la interfaz que aparece en el anuncio encima no corresponde con la web. Pero vamos, que quitando eso todo bien. Insisto.

Nota del autor: estás en lo cierto. Este post está enteramente dedicado a algo tan simple como (aparenta ser) un botón. Si estás con ganas de leer relájate y ponte cómodo.

La imagen de arriba representa lo que para mi es la esencia del botón perfecto. Se trata un comando que empieza a ser difícil de encontrar a día de hoy, en amplificadores, paneles de aviones y poco más. Lo hacen todo bien por las siguientes razones:

  • Tienen sus correspondientes etiquetas a cada extremo;
  • Con una línea cómoda y agradable, que invita a tocarlo;
  • No te hace falta apuntar con el dedo, cualquier gesto de tu mano lo activa;
  • Cómo te indica, tumbándose a un lado o a otro, en qué posición se encuentra;
  • Y ese agradable chasquido que genera al moverlo, sin que sea necesario hacer fuerza para que se active.

El paso del tiempo los ha ido olvidando y su lugar ha sido ocupado por superficies planas, con una amalgama de iconos, donde cada uno representa una acción específica. Un poco parecido a lo que tenemos en los mandos de pasajero de los aviones comerciales:

A veces pienso que estos botones antiguos solucionarían muchos problemas de interacción que nos encontramos en las interfaces actuales, como por ejemplo esos dobles clics (o taps) que la gente más mayor (y no tan mayor) realiza en las interfaces planas para asegurarse de que el botón se ha apretado de verdad, que se ha pinchado en serio.

Y es que uno de los grandes problemas de las interfaces táctiles es, como ya hemos hablado en otra ocasión, esa falta de feedback natural, que obliga a crearlo con más o menos éxito de forma artificial.

La eficacia de los botones físicos se manifiesta aún hoy en los dispositivos punteros de alta gama: la gran mayoría de las interfaces con pretensiones táctiles – aunque siempre hay excepciones, claro – sigue incluyendo en su diseño industrial botones físicos (como cualquier smartphone, desde el iPhone al los HTC, o los cajeros automáticos). En ambos ejemplos conviven los botones físicos con los táctiles de nueva generación. Y esta convivencia de botones genera graves problemas de interacción…
Fíjate en el siguiente ejemplo, donde el amigo Wayne nos enseña la mezcla de apretamientos de botones físicos y digitales que hay que realizar para conseguir tu objetivo final. Fijaos también como hay que generar un “bip” artificial para informar al usuario de que está marcando el número de teléfono. (YouTube, 2:42min):

¿Por qué siguen conviviendo botones físicos en las interfaces digitales? ¿Qué pintan ahí ese puñado de botones físicos sobre un aparato que se autodenomina táctil?

¿Será que al final son imprescindibles?

Me encanta toparme con este tipo de inventos. Son los que te dan la esperanza de que, al final del túnel, existe un mundo donde la tecnología se humanizará, pensando en nosotros y no en el maldito chip.

El invento en cuestión es una aplicación gratuita para Android, que activa la cámara del teléfono móvil mientras escribes tu SMS, permitiéndote mantener el foco en la pantalla mientras caminas, evitando lo que todos ya sabemos.

En los Samsung Galaxy Si9000 ya viene de serie. Los demás podeis pasar por aquí.

Más sobre el tema en Share the Warez.

Hace unos días escuchaba algunas declaraciones sobre la alta siniestralidad de esta operación retorno de verano 2010 con respecto al mismo perído del año pasado. Todo esto a pesar de encontrarnos con noticias positivas que indican que estamos frente al verano con menos muertos desde 1962 (pero ¿cuántos vehículos tenía el parque móvil español ese año?).

Los especialistas indicaban que las principales causas de estos accidentes se siguen produciendo por despistes y por la alta velocidad a la que circulan los vehículos. Para muchos la mejor solución a este gran problema pasa por mejorar la seguridad de nuestras carreteras.

Pero creo que estamos dejando un punto clave que en este análisis global sobre los accidentes de tráfico: y lo voy a llamar Ruído Comfort™.

El ruído comfort (traducción libre del inglés comfort noise), era un ruído de fondo artificial y provocado, que se usaba en radios y conexiones inalámbricas para llenar el silencio que se producía en las transmisiones, informando a los usuarios de que el aparato estaba funcionando y, en función del aparato, indicar que se estaba comunicando con otro cacharro (os acordais del ruído del fax o del modem, ¿no?).

Yo creo (y esto no es categoríco ni nada que se le parezca) que los accidentes de tráfico vienen también provocados por la ausencia de ese ruído comfort. Y me explico:

Una de las mejores innovaciones a nivel automovilístico se esfuerza en la reducción del ruído, tanto exterior (piso, vibraciones, entorno exterior) como interior (lo llamaré ruído motor). Pero, aunque sea de forma inconsciente, este ruído es una tremenda fuente de información para el usuario:

  • El ruído exterior y el vaivén del vehículo provocado por los baches y agujeros que tenga la carretera ofrece un potente feedback sobre a qué velocidad debes poner tu vehículo para no pegártela (volvemos al concepto affordance otra vez). A día de hoy las amortiguaciones de las que disponen los automóviles y el aislamiento del exterior provocan que no prestemos atención a esta potente fuente de información. De esta forma, la sensación de peligro disminuye considerablemente (lo que en Ergonomía se conoce como Homeostasis del riesgo) y nos relajamos prestando más atención a otras cosas: teléfono, ver qué tal va el GPS, conversar con los pasajeros… Paam, despiste.
  • El ruído interior, el que provoca el motor, también es una genial fuente de información. Gracias a él sabemos si el coche está encendido o apagado (os ha pasado también alguna vez, ¿eh? Sobre todo a un par de amigos que sé que disfrutan de ese Toyota Prius Hybrid. Si no fuera por el salpicadero iluminado no sé cuántas veces nos despistaríamos…). Pero sobre todo, gracias a este ruído sabemos a qué velocidad estamos circulando: ¿Cuántas veces nos hemos dado cuenta de que íbamos disparados con la aguja marcando 160km/h y nosotros sin darnos cuenta? Paam, despiste también.

Algunas empresas de automoción se han visto incluso obligadas a añadir ruído a los motores de sus nuevos modelos precisamente para evitar este tipo de errores. Y también para ayudar a los peatones, claro, que ahora al cruzar una vía no se pueden orientar por el ruído que provoca el vehículo… A los propietaríos de un Prius o vehículo eléctrico: ¿no os ha pasado algo así alguna vez? Pondría la mano en el fuego a que sí.

Ojo, es un análisis personal donde no pretendo un back to de 70′s. Pero quizás habría que plantearse formas de feedback donde alertar a los conductores, por un lado del riesgo que implica la velocidad a la que vamos circulando, y por otro, el estado de la vía y del entorno exterior.

Hay pistas sobre este tema en el último libro de Norman, de donde me he inspirado para este post: The Design of Future Things.

Hace unos días me encontré con un ejemplo que me llamó mucho la atención sobre cómo Ryanair te forzaba a acogerte al seguro de viaje que ofrecían escondiendo la opción dentro del desplegable de países. Crápula al 100%:

En Twitter estuvimos discutiendo sobre si esta práctica afectaba a la experiencia de usuario o si era realmente el precio final lo único que interesaba dentro de ese paraguas UX. El tema daba para rato y como por esta plataforma se me hace pobre expresar y discutir ideas decidí apearme de la discusión. Pero recientemente me encuentro con un post de Harry Brignull (90percentofeverything.com) hablando alto y claro sobre el tema: Dark Patterns: dirty tricks designers use to make people do stuff.

Y es que es tremenda la cantidad de recursos sucios que hay para forzar a la gente a realizar algo. He cogido algunos de los ejemplos que se mencionan tanto en el post como en los comentarios:

  • Web sociales que hacen extremadamente complicado el poder configurar tu contenido personal de público a privado;
  • Esos complicados sistemas de confirmación de baja para borrarte de una lista de correos (sobre este tema ya hablé largo y tendido);
  • Sistemas que te piden que te loguees bajo Facebook o Twitter y automáticamente mandan un mensaje a todos tus contactos sin autorización;
  • Checks seleccionados por defecto para recibir newsletters;

Lo más curioso de todo es que esta práctica ya existía en la arquitectura y tenía incluso un nombre: Slanty design (design that purposely reduces aspects of functionality or usability). Dan Lockton ofrece más pistas sobre sobre este concepto.

Algunos de los ejemplos que Dan comenta son la leche, como el que sigue: un cenicero en forma de pirámide para obligar a los fumadores a tirar los pitillos por la ranuras en lugar de dejarlos encima:

Como vemos, una experiencia de uso positiva y agradable muchas veces se sacrifica para forzar al ser humano a realizar algo en detrimento de la calidad del “cómo se hace”. Los caminos de la experiencia de usuario son inconmensurables…

Dennis Wixon es el Responsable de Investigación dentro del proyecto Microsoft Surface. Aparte de su trabajo, ofrece conferencias relacionadas con la profesión bastante interesantes.

En una de sus últimas charlas, Wixon realiza un fabuloso análisis retrospectivo sobre la evolución de las interfaces, desde el pasado hasta lo que nos deparará el futuro (que ya se conoce como OUI – Organic User Interface -, una suerte de interfaz sin que sea necesariamente plana con la que podemos interactuar sin inputs físicos).

En la imagen que ilustra este post me he tomado la libertad de elaborar y traducir libremente un pequeño gráfico sobre los conceptos y características de estas interfaces. Pero estoy seguro de que más de un término no quedará claro sin antes ver la interesante charla de Wixon al respecto (Vimeo, 26:04min.):

Que ustedes la disfruten…

Hace unos días John Shepherd-Barron murió a la edad de 84 años. A Shepherd-Barron se le atribuye la creación del primer cajero automático, para el Barclays Bank.

Su idea nació mientras se daba un baño en su casa, después de ir al banco para sacar dinero y encontrárselo cerrado. Ese mismo año, por casualidad, se encontró con un directivo que trabajaba para el Barclays Bank y, sin pernsárselo dos veces, le explicó con todo detalle su invento:

“Le dije que había tenido de la idea de que, introduciendo tu cheque Barclays en un lateral de la sucursal, te podría entregar esa cantidad de dinero al instante.”

La idea cuajó, y a Shepherd-Barron se le asignó el desarrollo de los primeros 6 cajeros, el primero de ellos instalado en Enfield, al norte de Londres, en Junio de 1967 (donde todavía existe una placa que conmemora ese momento).

Como dato curioso, el número PIN que rondaba en la cabeza de Shepherd-Barron tenía 6 dígitos, pero fue su propia mujer quien le comentó que sería incapaz de recordar semejante cantidad de dígitos, sugiriéndole que fueran sólo 4 números los que formaran el PIN de seguridad.

Como suele suceder con los inventos de gran aceptación, otros autores también se atribuyen la creación del aparato, incluso existieron proyectos muy similares en Japón, Suecia o Estados Unidos (en este último país estuvo funcionando durante 6 meses algo parecido en la ciudad de Nueva York – el Bankograph – pero fue retirado tras su baja aceptación por parte de los clientes).

El resto ya lo conocemos todos: un aparato que ha facilitado la vida de miles de personas. Y de qué manera, ¿eh?

Space star

A raíz de un interesante hilo que se está generando en la lista de discusión de UPA Madrid de LinkedIn y de una conversación que mantuve con el amigo Dani TorresBurriel hace unos días, me animo a escribir unas cuantas líneas con la intención de trazar, a modo de texto y desde mi humilde punto de vista, lo que representa el estado del diseñador de interacción en sus distintas variantes y nomenclaturas. Creo que la experiencia de haber dado el salto y dedicar mis esfuerzos a llevar mi proyecto adelante me ha ayudado a verlo todo con más perspectiva e identificar a vuelapluma 4 perfiles básicos:

#1. Este primer punto toca la situación de lo que hace la mayoría del “UX cosmos cañí”: trabajar en una consultora por cuenta ajena. Donde tus clientes te vienen dados, y por contra, no te queda más remedio que aceptar el cliente, claro está. Aún así, la mejor opción de aquel que se anima a empezar por este sendero profesional.

#2. Si te has animado a dar el salto e intentas montártelo por tu cuenta, ¿cómo te ves? ¿Crees que podrías continuar de esta manera de forma continuada? Muchos opinan que no, que el paso lógico es crear tu propia empresa/estudio y que ofrecer consultoría de forma independiente no suele durar más 2-3 años antes de dar el siguiente paso…

#3. Con tu propia empresa/estudio todo cambia: ahora dedicas más tiempo a labores de coordinación, gestión y captación de clientes. Tus propuestas llevan “firma de la casa” pero ya dependes de alguien para que esas propuestas lleven tu estilo. Hay que preocuparse de estar encima de quien empieza contigo y tratar de que no de el salto a otro sitio (como sucede también en muchas ocasiones). Hay quien se plantea después de esta experiencia bajar al #2.

#4. La opción final es dejar el mundo de la consultoría y abrir una tienda de jamones (o tener tu propio hotel, snif), pero antes de eso te queda la opción de intentar llevar a cabo tu idea digital (lo que viene siendo tu propia start-up) y dedicarte al 100% a ella, con todo lo que ello conlleva (financiación, búsqueda de recursos y la incerdumbre sobre si llegará o no a buen puerto).

Está claro que el perfil va siempre en función de la personalidad de cada uno. Pero en cualquier caso, cuando estás en el punto #3 o #4, aparte de conocimientos sobre el tema (que por supuesto) empiezas a necesitar también ciertas nociones tanto de labor comercial como del funcionamiento del mundo de los negocios, cosas que por desgracia no vienen en el “pack UX”. A este punto hay que añadirle que tengas las correspondientes aptitudes para apuntar maneras en estas dos cosas, que también es complicado si no va con tu personalidad. ¿Es quizás el tándem UX/Profesional comercial el que podría funcionar?

Lo más curioso de todo esto es que en muchas de mis conversaciones, la mayoría llega a la conclusión de que no se ven dedicándose a estos menesteres cuando tengan, digamos, 20 años más. ¿Es por tanto esta profesión joven llamada a ceder el testigo de los que van llegando? Dá para pensar hoygan…

Durante los próximos días tendré la oportunidad de compartir temas relacionados con la experiencia de usuario en un par de eventos:

  • El primero se celebra este fin de semana (del 9 al 10 de abril) en Cáceres: The Evnt, un evento sobre tecnologías y negocios basados en Internet, del que el amigo Dani Torres Burriel – que también estará por allí – ofrece más detalles.
  • El segundo evento tendrá lugar en la Universidad Europea de Madrid, con motivo de la inaguración de la nueva Facultad de Artes y Comunicación. Se trata del I Foro de Creatividad e innovación transversal. Me hace especial ilusión poder estar allí por que sé que esta nueva Facultad ha supuesto el esfuerzo de un buen amigo al que aprovecho para dar la enhorabuena. Por cierto, la entrada es gratuita y abierta a cualquier interesado.