Mundo reflectante

A raiz de un curioso post de Duopixel de hace ya un buen puñado de años sobre la señalización de emergencia del Metro de Madrid, empecé a prestar más atención a todo aquello que estaba diseñado para, sobre todo, captar nuestra atención en situaciones de emergencia o de escasa visibilidad.

No dejan de ser curiosas las soluciones de diseño que surgen tras colocar las bandas reflectantes que tendrá una ambulancia o un coche de policía, o cómo se ve un reloj en la oscuridad, o qué elementos viales se ven por la noche en una carretera. ¿Qué procesos de decisión han llevado a estas soluciones?

En todos estos ejemplos se respiran los notables esfuerzos que hacemos los humanos por simplicar al máximo, dejando únicamente la esencia de las cosas, sólo lo importante para que todo sea percibido correctamente, sin confusiones.

Y a veces pienso que todo lo que nos rodea debería estar hecho con esta finalidad. Sería como subrayar un libro con un rotulador fluorescente, donde sólo destacamos lo importante… ¿Te imaginas?

¿Se os ocurren más ejemplos?

Picasso. Piensa diferente. Apple

“Este es un homenaje a los locos. A los inadaptados. A los rebeldes. A los alborotadores. A las fichas redondas en los huecos cuadrados. A los que ven las cosas de forma diferente. A ellos no les gustan las reglas, y no sienten ningún respeto por el statu quo. Puedes citarlos, discrepar de ellos, glorificarlos o vilipendiarlos. Casi lo único que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Son los que hacen avanzar al género humano. Y aunque algunos los vean como a locos, nosotros vemos su genio. Porque las personas que están lo suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo… son quienes lo cambian”.

Piensa diferente.

Olvida la crisis. Este va a ser TU año.

Rautatientori. Helsinki

Cuando empecé a trabajar por mi cuenta (y con este año que comienza entramos ya en el quinto consecutivo), tuve claro que mis primeros proyectos deberían ser en el extranjero. Creía que la mejor forma de aprender y evolucionar sin tener que pagarme un MBA o algo parecido era trabajar por temporadas fuera de mi país. Esto me permitió poder disfrutar, trabajando y aprendiendo, en ciudades como Lisboa, París, Londres o Helsinki.

Creo que la experiencia más enriquecedora personal y profesional fue Finlandia (échale un vistazo a las “Helsingfors Series” de este blog, donde comento algunas curiosidades de este período). Trabajaba en las oficinas de Fjord en Helsinki, que aún no tenía ni sede en Madrid. Para empaparte de su cultura de empresa tenías que pasar casi necesariamente por territorio finlandés.

Durante mi estancia allí, para un foráneo como yo, todo era duro: la soledad, el frío, la oscuridad, el idioma… Aparte, claro está, del trabajo que desempeñaba, que también tenía su aquel.

Para paliar todo esto, la pinta de cerveza con los colegas de trabajo era tu mejor aliado. Y fue en estos garitos donde empecé a escuchar “Sisu“. Esta palabra no tiene traducción directa en nuestro idioma, y es muy probable que en el idioma finlandés tampoco, pero se ha convertido en un símbolo nacional: Sisu es una marca de camiones finlandesa, el nombre de uno de sus rompehielos, una marca de chocolate, el nombre de un monumento y así hasta lo que uno pueda imaginar.

“Sisu” es tenacidad, también es valentía y coraje, es la habilidad de seguir luchando cuando la mayoría desiste, de luchar con la esperanza de ganar, es lo que aquí denominaríamos “tenerlos bien puestos”, pero un “tenerlos bien puestos” a nivel nacional, que forma parte de la identidad del pueblo. “Sisu” es, en definitiva, el espíritu finlandés. Y probablemente lo que les ha hecho grandes en el mundo.

Recuerdo que cuando volvía a España me sentía raro, quería encontrar algunas similitudes de ese “Sisu” aquí en nuestro país, pero ni rastro. Es más, tenía la sensación de que existía algo diametralmente opuesto: esa queja continua con el “todo va mal” por delante que siembra todas las capas sociales de nuestro pueblo. Pensé (iluso de mi) que con el avance de esta crisis esta mentalidad cambiaría, y que poco a poco uno iría notando ciertos cambios en cuanto al modo de ver las cosas.

La mala noticia es que, cuando algunos medios se atreven a ponerle fecha final a esta crisis, uno comprueba que nuestra mentalidad continua intacta. Ni rastro de ese bendito “Sisu”. Aunque claro, en caso de que este fenómeno se manifestara por estas latitudes no sería una señal de identidad nacional, sino regional. Tendríamos un “Sisu catalán”, otro “Sisu vasco”, otro gallego y así. Pero ya me meto en otros berenjenales.

Esto es lo que nos ha tocao, qué le vamos a hacer.

Supermecado Express

Cada vez que veo un un negocio donde se promocionan como “express” o “rápido” me pregunto el porqué de este reclamo. Con el cronómetro en la mano, dudo que haya mucha diferencia de tiempo si realizo la misma compra en una tienda “express” que en una tienda “normal”. Es más, creo que si alguna vez me encuentro con una tienda donde su claim sea “lento” o “tranqui” en lugar de “express” o “rápido” y las tenga frente a frente, entraré sin pensarlo en la primera, en la “tranqui”. ¿No daría buen rollo encontrarte algo así?

Veo lo lento como algo artesanal, bien madurado, hecho con mimo y atención, da igual lo que sea: una tienda, una consultora, un restaurante o un supermercado. Lo rápido, me parece tóxico, negativo y chapuza y nos induce a llevar una vida similar.

Sentirte bien tratado no puede llevar la etiqueta “rápido”, todo lo contrario. Habrá negocios a los que le interese despachar a cuanta más gente mejor, donde lo que importe sea hacer caja sin preocuparse en absoluto de si volverán a pasar por ahí otra vez. Yo confío en que los que apuestan por el enfoque inverso son los grandes triunfadores de este nuevo mundo. Y a ellos les aplaudo y les felicito.

Voy a empezar por lo que me toca, y prometo no volver a incluir palabras como rápido, express o similar en cualquier propuesta que genere. El cariño lo primero.

Y por cierto: si alguien abre una peluquería o un banco “lento” que me avise, que me hago cliente. Bueno de la peluquería no…

Actualizo: me viene a la cabeza este post que escribí, que hace referencia a lo mismo pero en Internet. Cuánto nos queda por aprender: Bajar a 33rpm: el movimiento lento en Internet

Cada vez que ando por un aeropuerto o paseo por un puerto marítimo importante no puedo evitar fijarme en ellos: pequeñitos, ágiles, muchos con aspecto de tener muchas horas de trabajo a sus espaldas y siempre disponibles, haga bueno o haga malo, esté la mar o el cielo como esté. Desempeñando su actividad como pequeñas hormigas.

En un aeropuerto la sombra del avión les hace pasar completamente desapercibidos, ni siquiera los vemos mientras nos remolcan fuera de la zona de embarque, pero ahí están, moviendo continuamente aparatos de toneladas, cientos de veces más grandes que ellos:

Remolcador de aeropuerto en plena faena.

En un puerto pasa lo mismo. Son barcos anodinos, el lustre y majestuosidad de cargos y cruceros no admite comparación con la imagen de estas embarcaciones ajadas y curtidas, dispuestas a echarse a la mar siempre, esté como esté:

Y enseguida me saltan las analogías y pienso en la figura del consultor, cualquiera que sea tu especialidad. Aquí somos un poco igual: remolcadores de nuestro tiempo. Juntándonos a grandes estructuras, con muchísima potencia y músculo pero incapaces de hacer ciertas cosas de forma independiente. Nos unimos a ellas temporalmente y tratamos de darles todo el apoyo y sinergia posible, buscando el éxito de cualquiera que sea el proyecto.

Nuestro rol es transparente, desapercibido cuando todo está acabado, no lleva ni nuestra firma, pero sabes que, de alguna manera, estás ayudando a miles de personas a que el mundo funcione mejor. Como los remolcadores que apenas apreciamos y que diariamente, sin parar, están ahí ayudando a que las grandes estructuras se muevan por el mundo.

Cerramos Voota.es / Voota.cat

La semana pasada pusimos fin a una etapa, a un intento de montar una start-up que sirviera para que los ciudadanos de este país pudieran opinar sobre los partidos y los políticos. Pero la idea, el concepto, la web, o lo que sea no ha cuajado.

Han sido dos años magníficos, plagados de ideas, energías y sueños, pero la realidad nos ha colocado en su sitio. Y, antes de seguir dando tumbos, hemos decidido ser realistas y darle cierre a Voota.es y Voota.cat.

Triste al principio, más optimista ahora, encaro este hito como algo más que positivo. Detrás de muchos casos de éxito de start-ups hay muchos batacazos, y este es uno de ellos. Ha sido como asistir a un MBA, pero mucho más real, todos hemos aprendido a base de prácticas y no de teoría. Ojalá vuelva a repetirse algo parecido a esta experiencia.

Sergio, Frans, Javi: ha sido un placer trabajar con vosotros. Álvaro, Jacobo, Carlos (y otros muchos que me dejo fuera) gracias por vuestro apoyo e interés en este proyecto. Espero que volvamos a coincidir muy pronto en nuevos retos.

También han comentado sobre este tema François Derbaix y el blog de Voota.

Travelling 33rpm in an iPhone world

Hace unos días el gran Dani Castillo me recomendó un artículo que no para de rondarme en la cabeza. Se llama The Age o Emotions y está escrito por Tarik Krim, fundador de varias startups de éxito (como Netvibes).

En el mismo, hace una restropectiva sobre cómo ha evolucionado Internet hasta nuestros días y hacia dónde vamos aparentemente. Me gustó mucho el siguiente párrafo, que hace referencia a la situación actual, donde la componente social de todas y cada una de las cosas que usamos en Internet está siempre presente:

«For most of us, this social life is not fulfilling. I see some people leaving Facebook, people leaving even all form of Internet connection, but in fact what we need is a new set of services that helps us slow down. I have been advocating for such services for the last years, hoping that more people would join the Slow Internet Movement and start synchronizing their digital life with their inner pace. We are definitely entering a post social, post app, post hyper consuming era : the age of emotion.

The age of emotion is the third age of the Internet and marks a certain maturity in how we as application developers should serve the user and respect its inner emotional balance.»

El artículo menciona un concepto interesante y poco conocido (aún): Slow Internet Movement. Y está calando bastante en ciudades como Portland, donde incluso existen cafeterías que por $0.99 te ofrecen un café y acceso a Internet ilimitado, pero del antiguo, del del modem de 56k. Los smartphones simplemente no están permitidos e incluso las paredes de estos espacios están protegidas para que no entren wifi’s externas, ofreciendo más velocidad.

Hace casi un año Bernardo Hernández, daba carpetazo a su blog después de 5 años en activo. Las razones que le llevaron a esta decisión no las sabe ni siquiera explicar él, pero sentía que había algo más por ahí detrás que necesitaba conocer. Este es su último post:

«No sé si creer en ciclos astrológicos o biorritmos exotéricos, pero lo cierto es que anda uno metido en cambios interiores de dimensiones importantes.

A lo largo de los últimos 5 años, los mismos casi que tiene este blog, me he concentrado tremendamente en mi trabajo, en Google, en mis empresas, en producir más y mejor: toda mi energía ha estado concentrada en esto. Mis amigos, mi familia, mis parejas, las personas y los sentimientos pasaron a un segundo plano ante la prioridad de mis ambiciones.

Toca ahora otra cosa. No sé de qué estará hecha, pero otra cosa. Toca volver a saber perder el tiempo, a disfrutar de la mediocridad anodina de lo conocido, del sosiego de lo callado. La vida nos engaña con un falso exceso de confianza producido por las agendas apretadas, la manipulación de otros y las vanidades fugaces. Pero es una falsa seguridad que enseguida se desploma ante la estocada más inesperada pero acertada. La auténtica seguridad está en otra cosa.

Y es tiempo de saber de qué esta hecha esa otra cosa. Con este post cierro este blog que me ha acompañado 5 maravillosos años llenos de divertidos recuerdos y experiencias increíbles.

Doy gracias por haber tenido la oportunidad de vivir todo esto, de contarlo y de que me hayan leído. Gracias»

Puede que todo esto sea una moda pasajera, pero a mi me parece maravilloso, la verdad. Me parece que puede ser un momento interesante para pararse a pensar un poco hacia dónde vamos con esta actividad tan frenética que nos acompaña en todo lo que rodea al mundo digital. Y quizás, con ese tiempo extra que te sobre, dedicarle más tiempo a pensar en herramientas que realmente nos sirvan para solucionar problemas cotidianos. Que tenemos muchos por resolver.

Familiafacil.es: Servicio doméstico online

Hace unas semanas Ignacio Buenhombre y yo mismo adquirimos una pequeña participación en FamiliaFacil.es.

Tras de haber ayudado a Nieves Fernández (Fundadora y CEO) y a su equipo técnico a mejorar su interfaz – algo que saldrá a la luz en las próximas semanas – nos hemos animado a formar parte del grupo inversor, que está liderado por Bonsai Venture Capital. Junto a ellos también han entrado Marta Esteve (Rentalia.com), Nacho González Barros (Salir.com) y Jacobo Elosúa (Ezaromedia.com).

Nos hace mucha ilusión formar parte de una iniciativa que ayuda a mejorar (de verdad) la calidad de vida de las personas. FamiliaFacil.es es la herramienta que alguna vez hemos necesitado para encontrar todo lo relacionado con el hogar: desde asistente doméstico a canguro, profesor particular, jardinero, cuidador de animales o incluso chófer. Algo sencillo y útil, que importa una necesidad real del día a día de las personas y la transforma en algo más cómodo y simple.

Lo más impresionante es su crecimiento: en su primer año de vida (facturando desde el día 1) ya forma parte de las políticas de conciliación familiar de empresas como BBVA o El Corte Inglés.

La historia de cómo hemos llegado hasta aquí es de lo más curiosa, pero al final demuestra que la mejor forma de conocer proyectos interesantes y gente con mucho talento es a través del boca a boca. Nos sentimos unos verdaderos afortunados por poder formar parte de semejante proyecto y desde aquí nuestro humilde agradecimiento.

Casi sin haberlo planeado, Seisdeagosto.com empieza a posicionarse no sólo como una iniciativa con ganas de asesorar en proyectos interesantes, sino también de invertir en ellos (y demostrar de esta manera que nos interesan). Brindamos porque sean muchos más y que este 2012 siga lleno de retos tan interesantes como los que hemos tenido hasta ahora.

Y recuerda: aún seguimos siendo humanos

Por suerte o por desgracia, soy bastante paquete en temas de estadísticas y números en general (ya apuntaba maneras en el bachillerato), quizás por esa razón apenas consulto el Analytics de este blog, ni siquiera presto atención a las que me salen en el menú de usuario de mi WordPress, que son más facilongas, soy el perfecto antiejemplo de un perfil de alguien que se dedique a la Analítica web. Y con esto no quiero decir que no sea necesario ojo, todo lo contrario, me parece un eslabón fundamental en los tiempos que corren. Mis pensamientos van por otros derroteros…

Siempre he querido pensar que este blog es, sobre todo, un repositorio personal y como tal no espero grandes cosas de él. Me gusta que se mantenga fiel a ese concepto inicial con el que nació en el año 2005 (aunque llevaba dándole a la tecla bajo otro formato desde el 2002). Si encima lo que uno escribe ayuda a la gente que se molesta en visitarte en su día a día, pues estamos ante la redondez del círculo. Perfección, vamos.

Pero con el tiempo he ido dándome cuenta de algo que (no sé si llamarlo así) me emociona: y son esos RT’s y esas menciones que la gente hace por Twitter cuando sale de aquí algo medianamente decente, que interesa a los que siguen este blog. Y no se trata de una cuestión de ego personal, es algo un poco más profundo: detrás de esos RT’s y menciones huele a gente, veo personas. En las estadísticas sólo aprecio números, barras y datos, pero en Twitter se detectan detalles de mucho más calado: veo sus fotos, sus biografías, veo su localización e incluso esos comentarios adicionales que añaden al hacer el RT o mencionar el post que sea, ¿no es genial?

Probablemente lo que más me gusta de todo esto es el tema de la localización: me hace mucha ilusión que una mención venga de un usuario que comenta desde Albacete, un RT salga de Valencia o que un comentario llegue desde Gran Canaria, Badajoz, Santiago de Chile o Castelldefels. Aunque suene a obvio, este simple detalle me hace ver lo global que es todo este invento, no es algo que supones porque todo el mundo lo diga, es que ves que pasa por el simple gesto de escribir algo.

Me parece precioso ver cómo, tras toda esta amalgama tecnológica, aún existe la oportunidad de identificar personas, de ver que hay humanos detrás de la pantalla, ves qué sienten, cómo se describen, dónde están. Y eso, a estas alturas del campeonato, me parece estupendo. Un perfecto ejemplo de humanización tecnológica a escala global.

Muy bonito, Twitter. Gracias.

Una de las habilidades que estoy adquiriendo con el paso del tiempo y de la cual me encuentro bastante satisfecho no tiene nada que ver con el mundo UX, ni el IxD, ni el HCI, ni el Entrepeneurship, ni nada que se le parezca. Aunque soy sincero: he reparado en ella hace no mucho tiempo.

Simplemente creo que estoy aprendiendo a saber decir «no». Poco a poco, pero dando los pasos correctos, hacia adelante. Y no veas lo bien que me va.

Estoy empezando a darme cuenta de que aprender a decir «no» en el mundo de la consultoría digital debe ser casi obligatorio: en un mundo donde se generan un montón de opiniones de lo más diversas (y disparatadas), con plazos imposibles y siendo tú una pieza clave de todo ese pastel decirlo a tiempo te puede sacar de un montón de problemas y (bola extra) puede ayudar a que te posiciones como mejor profesional.

¿Por qué decimos «le daremos una vuelta», «lo valoraremos» o «le damos una pensada» cuando en el fondo ya sabes que la respuesta es «no, no puede ser»? En el fondo creo que tiene que ver con el gesto de intentar agradar a tu cliente, tratas que tu relación con él se mantenga dentro de lo que consideras correcto. Pero es que saber decir esto no tiene que tener connotación negativa, como normalmente imaginamos. En la asesoría tecnológica decir «no» como es debido puede transmitir a tu cliente que sabes de qué estás hablando y que ese «no» que das por respuesta es fruto de tu experiencia, porque crees que es lo más recomendable para el buen funcionamiento del proyecto.

He vivido hace poco con Ignacio una reunión en la soltó un «no» por respuesta, directo a la línea de flotación. Hubo hasta una pausa prolongada, de 3-4 segundos. Horas más tarde, tomándonos algo con el mismo cliente y surgió en la conversación precisamente ese «no», donde lo valoraban muy positivamente, precisamente porque ahorró tiempo de discusión y permitió avanzar sobre temas más importantes que debíamos tocar en ese encuentro. Curiosamente la sensación que me llevé tras esa reunión es que, lejos de enfriar la relación por este tipo de respuesta, nos había sucedido todo lo contrario.

Eso sí, aviso: los primeros pasos no son nada fáciles…