Rutina de pasos cuando hablamos por teléfono

Curiosus Rituals es un proyecto de investigación llevado a cabo por el Art Center College of Design, en Pasadena. Sus autores son Nicolas Nova (The Near Future Laboratory / HEAD-Genève), Katherine Miyake, Nancy Kwon y Walton Chiu.

El proyecto va sobre gestos, posturas y ritos que con el uso de la tecnología van surgiendo sin que nos demos cuenta: desde los círculos que vamos haciendo con nuestros pasos cuando hablamos por teléfono a ese innato gesto de apretar con las dos manos nuestro mando a distancia cuando éste no responde como esperamos. El más divertido es sin duda el de levantar la mano cuando estamos en el WC y la luz automática nos deja a oscuras dentro del recinto:

Gestos automáticos provocados por la tecnología

No sé a vosotros pero a mi parece un ejercicio tremendo de observación del comportamiento humano, de cómo la tecnología está entrando sigilosamente en nuestras vidas para cambiarlo todo.

Aquí teneis el susodicho estudio: Curious Rituals (en .pdf)

Supermecado Express

Cada vez que veo un un negocio donde se promocionan como “express” o “rápido” me pregunto el porqué de este reclamo. Con el cronómetro en la mano, dudo que haya mucha diferencia de tiempo si realizo la misma compra en una tienda “express” que en una tienda “normal”. Es más, creo que si alguna vez me encuentro con una tienda donde su claim sea “lento” o “tranqui” en lugar de “express” o “rápido” y las tenga frente a frente, entraré sin pensarlo en la primera, en la “tranqui”. ¿No daría buen rollo encontrarte algo así?

Veo lo lento como algo artesanal, bien madurado, hecho con mimo y atención, da igual lo que sea: una tienda, una consultora, un restaurante o un supermercado. Lo rápido, me parece tóxico, negativo y chapuza y nos induce a llevar una vida similar.

Sentirte bien tratado no puede llevar la etiqueta “rápido”, todo lo contrario. Habrá negocios a los que le interese despachar a cuanta más gente mejor, donde lo que importe sea hacer caja sin preocuparse en absoluto de si volverán a pasar por ahí otra vez. Yo confío en que los que apuestan por el enfoque inverso son los grandes triunfadores de este nuevo mundo. Y a ellos les aplaudo y les felicito.

Voy a empezar por lo que me toca, y prometo no volver a incluir palabras como rápido, express o similar en cualquier propuesta que genere. El cariño lo primero.

Y por cierto: si alguien abre una peluquería o un banco “lento” que me avise, que me hago cliente. Bueno de la peluquería no…

Actualizo: me viene a la cabeza este post que escribí, que hace referencia a lo mismo pero en Internet. Cuánto nos queda por aprender: Bajar a 33rpm: el movimiento lento en Internet

En un mundo donde la toma de decisión de compra es tan volátil, con fuentes de información donde poder informarte sobre la calidad de un producto o servicio disponibles en cualquier sitio y momento, con profesionales del sector y usuarios particulares dispuestos a ofrecerte su opinión, no deja de sorprenderme que aún se siga utilizando en publicidad una técnica tan poco ética, fuente inagotable de problemas entre proveedores y clientes insatisfechos: hoy vamos a hablar de la (maldita) letra pequeña y del querido concepto “Desde”.

La publicidad y técnicas afines como el marketing, según las veo yo (y que me corrija quien sepa más de esto), son prácticas que tratan de captar la atención de las personas y convertirlas, a través de recursos y creatividades, en potenciales clientes de un determinado producto o servicio. Para ello, se emplean desde ingeniosos copies a estrategias o campañas fuera de lo común, o diseños transgresores, que traten al fin y al cabo, de captar nuestra atención y que saquemos la cartera.

No cabe duda de que en la conciencia de muchas empresas está cada vez más presente el tratar de entender las necesidades de los clientes y ofrecer una atención y un servicio impecables. Personalmente, veo a Zappos.com, Threadless.com o Dropbox.com como grandes estandartes de esto que estamos hablando. Quien haya probado alguno de sus servicios sabrá de qué estoy hablando.

Sin embargo, aún nos toca soportar un montón de formatos publicitarios que, por mucho que lo maquillen, lo único que persiguen es (seamos francos) engañar, ofreciendo algo que no existe y ocultando la información que realmente a nosotros, como potenciales clientes, es lo primero que nos interesa saber. Y un perfecto ejemplo de esto son los carteles publicitarios que tenemos en nuestras carreteras.

Veamos el siguiente ejemplo, donde una compañía aérea me ofrece vuelos a Madeira por un módico precio: 99’30€ del ala:

Vuelos a Madeira desde 99'30€. La promesa.

Desde la vía, cualquier persona podrá encontrar ese precio interesante y, en caso de que esté planeando unas vacaciones y esté aún buscando destino, hasta se tome la molestia en realizar una búsqueda en la web de esta compañía para encontrar ese precio, o igual lo comenta con la persona que viaja a su lado: “joder, qué buen precio, Carmen”. Pero si, como yo, tiras del freno de mano de tu coche y te paras a observar los detalles, verás que para nada es oro lo que en ese cartel reluce:

Vuelos a Madeira desde 99'30€. La realidad.

Y aquí os presento a Doña Madre del Cordero: en realidad el precio incluye el diabólico concepto “Desde” y no sólo eso: además es “por trayecto”, por lo tanto, el precio te sale como mínimo justo al doble (a no ser que quieras empadronarte en esa isla). Si me apuráis, intuyo que incluso en función del aeropuerto de salida el precio cambiará notablemente.

Y ahora tan sólo unas preguntas, dirigidas a ti, querido empresario, que has dado el ok a esa campaña:

  • ¿Te imaginas la cara del que haya entrado en tu web y se haya molestado en realizar esa búsqueda? Haz el esfuerzo por ponerte en su lugar.
  • ¿Y qué me dices de aquel que aún no tiene Internet y se molesta en ir hasta una agencia de viajes? ¿Cuál crees que será su gesto tras salir de la agencia?.
  • ¿Te puedes hacer una idea de su opinión sobre tu empresa tras conocer todos los detalles de “la oferta” que tan hábilmente ocultas en el cartel publicitario? ¿De verdad crees que te recomendará?

Y para terminar, un pequeño consejo al que supongo no prestarás la más mínima atención:

Ganar clientes a día de hoy pasa por ser honesto y transparente desde el minuto 1. Precisamente lo que tratas de ocultar es lo primero que tienes que mostrar. El “Desde” y el “Por trayecto” tendría que ser casi más grande que el precio, como mínimo estar adaptado al contexto en el que lo publicas: desde una carretera a 70km/h es imposible leer lo que pone, y tirar del freno de mano no es algo que todo el mundo hace para leer algo desde la carretera. No hay nada más frustante que hacer perder el tiempo a quien puede estar interesado en lo que ofreces.

Pero supongo que todo seguirá igual, al menos de momento, hasta que esta crisis de órdago que estamos atravesando nos empiece a poner en su sitio a todos y empecemos a llamar a las cosas por su nombre, con todos los detalles, como a cualquiera le gustaría que fuera.

A partir de hoy, lo dicho, declaro mi batalla personal a la letra pequeña.

Ver películas online: El principio de "Cariño, levántate tu"

Ver películas online, con un catálago interesante y una calidad más que correcta, empieza a ser realidad en nuestro país. Atrás dejamos la gestión de las descargas y de los subtítulos para poder ver una película que, probablemente, no verías nunca más y que ocupaba un espacio inútil en tu disco duro.

Un montón de proveedores se han apuntado a esta carrera: Wuaki.tv (que recientemente fue adquirida por el gigante nipón Rakuten), Youzee.com, Filmin.com, Cuevana.tv o Mubi.com ofrecen este tipo de servicio gratis o a un precio bastante asequible. Esta competencia es un claro indicador de que el mercado se mueve.

Sin embargo, hay una serie de detalles básicos que muchos de estos servicios no tienen en cuenta. Probablemente porque el foco está en ofrecer el mayor catálogo de películas, en lugar de ofrecer una experiencia de uso fina y acorde con el contexto de uso. Muchos lucen un diseño implecable, pero no están obsesionados con facilitar el disfrute del “momento película” al máximo: relajado en el sofá y con cero ganas de levantarte. Si hay algo que falla en estos momentos lo primero que harás será buscar a alguien que se levante por ti…

¿Cuáles son esos detalles? Después de un buen puñado de películas a mis espaldas, desde distintos proveedores, me atrevería a lanzar estas 4 ideas:

  • La carga del vídeo: casi todos los proveedores activan la carga del vídeo tras pulsar la opción “Play” o cuando he pagado. Este detalle provoca que, en ocasiones, la línea de visualización atrape a la línea de carga y que el usuario tenga que pasar por ese molesto mensaje de “cargando película” o similar. Es el mensaje más frustrante que uno puede encontrarse, porque sabes que toca esperar.
    La carga de una película debería comenzar mucho antes de pulsar el botón Play, probablemente nada más entrar en la ficha de la película, mientras que estamos tomando la decisión. Este detalle disminuiría la probabilidad de encontrarnos con ese molesto mensaje de carga. Instagram hace algo muy similar: la carga de la foto ya se está haciendo mientras estamos seleccionando qué filtro queremos ponerle a la foto. Es una interacción transparente para el usuario pero que se agradece. Y mucho.
  • Mantener los filtros de búsqueda: decidir cuál es la película que quieres ver requiere su tiempo, muchas veces es una toma de decisión en pareja (o en grupo) y llegar a un consenso no siempre es tarea fácil. Aquí los filtros y el orden del catálogo juegan un papel fundamental: ¿Versión original o doblada? ¿Comedia o drama? ¿Con o sin subtítulos? Es muy molesto que, una vez seleccionados esos criterios de selección, tras haber entrado en la primera ficha de película y pulsar el botón “Volver”, lo que tengas delante sea un listado que se ha saltado a la torera el filtro (y el orden) que te habías molestado en dejar a tu gusto… El clásico fallo de no poder navegar desde la ficha de una peli hacia otras pelis sigue campando a sus anchas.
  • Qué debe hacer la opción pausa: En el momento en el que selecciono la pausa probablemente tenga que levantarme del sofá para, desde el ordenador, seleccionar dicha acción (creo que de momento es la opción más habitual, igual me equivoco). En esa transición sofá-ordenador hay unos segundos en los que la atención está menos centrada en la peli y más en darte prisa para perderte lo menos posible mientras que estás en tránsito. Sería un regalo de dioses que, al continuar viendo la peli, el visualizador me retrasara 10 segundos para atrás la película tras reanudarla, para volver a entonarme y refrescarme la memoria tras la pausa. Es algo que muchos de nosotros hacemos cuando nos volvemos a sentar: “rebobinar” unos segundos hacia atrás antes de sentarnos.
  • Finalmente, y no menos importante: mantener el estado “visited” en los enlaces del catálogo, para saber si ya he pasado por una peli o no en mi exploración para encontrar la película que me apetece. Y todo porque, de repente, los enlaces visited han desaparecido de nuestras pantallas, cuando en un directorio son fundamentales para que a la hora de seleccionar tu película tengas bien claro por cuáles has pasado ya.

Son detalles tan sutiles que seguramente pasarán desapercibidos para la mayoría de los mortales. Pero estos pequeños gestos son los que hacen ganar usuarios fieles. Humanizar la tecnología es ponerse en el papel de quien va a usar tu herramienta. En un mercado con tanta competencia tener en cuenta estos pequeños detalles puede ayudar a posicionarte sobre el resto.

La foto viene de Flickr: When no plan is a good plan

Cada vez que ando por un aeropuerto o paseo por un puerto marítimo importante no puedo evitar fijarme en ellos: pequeñitos, ágiles, muchos con aspecto de tener muchas horas de trabajo a sus espaldas y siempre disponibles, haga bueno o haga malo, esté la mar o el cielo como esté. Desempeñando su actividad como pequeñas hormigas.

En un aeropuerto la sombra del avión les hace pasar completamente desapercibidos, ni siquiera los vemos mientras nos remolcan fuera de la zona de embarque, pero ahí están, moviendo continuamente aparatos de toneladas, cientos de veces más grandes que ellos:

Remolcador de aeropuerto en plena faena.

En un puerto pasa lo mismo. Son barcos anodinos, el lustre y majestuosidad de cargos y cruceros no admite comparación con la imagen de estas embarcaciones ajadas y curtidas, dispuestas a echarse a la mar siempre, esté como esté:

Y enseguida me saltan las analogías y pienso en la figura del consultor, cualquiera que sea tu especialidad. Aquí somos un poco igual: remolcadores de nuestro tiempo. Juntándonos a grandes estructuras, con muchísima potencia y músculo pero incapaces de hacer ciertas cosas de forma independiente. Nos unimos a ellas temporalmente y tratamos de darles todo el apoyo y sinergia posible, buscando el éxito de cualquiera que sea el proyecto.

Nuestro rol es transparente, desapercibido cuando todo está acabado, no lleva ni nuestra firma, pero sabes que, de alguna manera, estás ayudando a miles de personas a que el mundo funcione mejor. Como los remolcadores que apenas apreciamos y que diariamente, sin parar, están ahí ayudando a que las grandes estructuras se muevan por el mundo.

10 consejos para ser profesional independiente

Si eres de los que está trabajando por cuenta ajena, pero no acabas de encontrar tu sitio, si no paras de darle vueltas a la idea de montártelo por tu cuenta para ofrecer lo que sabes hacer de forma independiente, igual deberías pasarte por estas líneas.

Curiosamente, en esta época tan complicada, escucho con frecuencia a gente con ganas de dejar su puesto de trabajo actual y trabajar de forma autónoma. La decisión no es nada fácil: dejar tu trabajo para lanzarte a lo desconocido impone, sobre todo si tienes una hipoteca, hijos o compromisos familiares de cualquier índole.

Simplemente me ha parecido buena idea compartir mis primeros pasos, la experiencia que yo mismo viví para que quien se encuentre en esta situación tenga algo más en lo que apoyarse. El otro día miré el calendario y ya son 4 años en este plan, que se dice pronto…

Al lío:

  1. Comparte tu intención con amigos y conocidos del sector que ya hayan dado ese salto. Su experiencia te puede dar poderosas pistas para afianzar tu decisión. Otros muchos te dirán que te equivocas, que no es el momento (nunca lo es, ten eso en cuenta), pero si estás realmente motivado este tipo de opiniones no hará más que confirmar aún más tu noble decisión. No te desanimes por el feedback negativo, ¡recoge sólo positivo!
  2. Planea fechas, aunque sea mentalmente. Establecerte como independiente en Julio probablemente no sea la mejor de las ideas, verano a la vuelta de la esquina, horarios intensivos en las empresas (futuros clientes), y empiezas el año fiscal a medias, lo que implica que al año siguiente no tienes referencias completas sobre cómo te fue el año anterior. Lo mejor es arremangarse en Enero. Aunque en septiembre, con la vuelta al cole, tampoco está nada mal.
  3. Montar tu entorno de trabajo es más sencillo de lo que parece: Una mesa grande, silla, portátil, pantalla extra si tienes y conexión es más que suficiente para empezar. Lo demás irá llegando a su debido tiempo (aunque pensándolo bien no te hace falta mucho más…¿Impresora?). Eso sí, en cuanto tengas claro que quieres seguir por este camino plantéate dos cosas: una buena silla, es una inversión si no quieres acabar con hombros y brazos destrozados, y una cuenta Dropbox Pro, algo maravilloso si no quieres comerte la cabeza con copias de seguridad, envíos pesados, etc…
  4. Deja la empresa para la que trabajas por cuenta ajena dignamente, sin malos rollos: A veces los primeros proyectos te pueden llegar por dicha empresa. No tengas prisa por marcharte, deja todos los cabos atados y tu trabajo terminado antes de cerrar la puerta. Avisa incluso antes de lo estipulado por convenio, te quedarás más tranquilo y aunque pienses que te pueda perjudicar en realidad consigues el efecto contrario.
  5. Tener url y dominio propio, actualizar tu web y postear con frecuencia en tu blog no te garantiza nada, pero ayuda a posicionarte dentro del mercado y mantiene tu mente fresca y activa. Si no eres de blog necesitarás al menos tener bien montado tu perfil en LinkedIn. Unas tarjetas también pueden venirte muy bien en momentos muy oportunos.
  6. Prepárate para días muy muy muy intensos y días de calma chicha. Aprovecha esos días de calma para avanzar en lo que realmente quieres hacer a largo plazo. Ten en cuenta que el mundo avanza y tú tienes que hacerlo conforme lo hace él. De otra manera lo que ofreces caducará. Estrategia, la que quieras, pero ten TU estrategia.
  7. Un buen contable te quitará dolores de cabeza y te dejará tiempo para centrarte en tu proyecto personal. No trates de asumir tú este trabajo si no lo entiendes perfectamente. No lo asumas como un gasto, sino como un favor que te haces a ti mismo. Bebe menos cervezas o no vayas tanto al cine.
  8. Si con el paso del tiempo ves que la cosa mejora tarde o temprano te tocará plantearte: montar algo más grande y empezar a contratar gente o asociarte con más gente que tenga una visión vital y empresarial parecida a la tuya. Personalmente creo que tener un socio es mucho más positivo.
  9. La historia de cada uno es un mundo. No tomes nada como referencia, dejarse llevar es parte importante de esta estupenda travesía. Cuanto menos pienses las cosas mejor te irá. Pensar menos las cosas no significa estar como una cabra e ir en plan suicida.
  10. Y un último apunte: marcarte retos de lo que quieres llegar a ganar no hace más que angustiarte. Échate para atrás en tu silla, ponte cómodo y disfruta. Al final del año, cuanto toque cerrar cuentas con el fisco, revisa de forma más detenida a tus cuentas. De la otra manera tendrás siempre esa presión innecesaria de cuánto quieres ingresar.

Jasper Maskelyne: It's all smoke and mirror

Cuanto más leo sobre Jasper Maskelyne, más me cuesta asimilar su asombrosa capacidad. Para los que no conozcan a este señor, Maskelyne fue uno de los magos más famosos del siglo pasado, un auténtico especialista en la creación de ilusiones ópticas. Se dice que gracias a él Los Aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial.

“Denme libertad y no habrá límites para los efectos que puedo crear en el campo de batalla. Puedo hacer cañones donde no los hay y lograr que disparos fantasmas crucen el mar. Puedo colocar un ejército entero en el terreno, si eso es lo que quiere, o aviones invisibles; incluso puedo proyectar en el cielo, una imagen de Hitler sentado en el escusado a miles de pies de altura”.

Con el tiempo, Jasper logró reunir a un equipo de “soldados” de lo más pintoresco: pintores, dibujantes, carpinteros, vidrieros, químicos, ceramistas, ingenieros, electricistas,… Y así hasta 14 hombres, conformando una banda que con el tiempo se conoció como la Magic Gang.

Una de las ilusiones más sonoras fue la de revivir el acorazado Graf Spee, utilizado por el ejército alemán y hundido en diciembre del 39 en aguas próximas a Uruguay. El acorazado apareció un día remontando las águas del Támesis, gracias a una ilusión óptica creada por Maskelyne a través de (no se lo pierdan) globos y espejos.

La historia de Maskelyne me lleva irremediablemente a pensar en la profesión del que se dedica al diseño web (cualquiera de sus múltiples vertientes), en la capacidad de crear efectos a través de una simple pantalla, jugando constantemente con metáforas e ilusiones para tratar de que las expectativas iniciales generadas por los usuarios coincidan con la experiencia real tras usar esa interfaz que has definido. Obviamente esta labor no conlleva la logística que Jasper y su equipo tenían que movilizar para emprender cualquier tipo de proyecto, pero veo en todas esas metáforas, animaciones, texturas, apariencias y transiciones en las que uno trabaja diariamente muchas similitudes. Somos unos magos de nuestra época: simulamos procesos de compra virtuales, trasmitimos cercanía enviando un mail, pero es algo enviado por una máquina automáticamente, gestionamos música que no poseemos, hablamos, escribimos… Pura artesanía web, distribuyendo píxeles para crear ilusiones ópticas.

“Después de la Batalla del Alamein, la Magic Gang fue disuelta y sus miembros fueron dispersados en distintos destinos. Jasper Maskelyne siguió trabajando en sus ilusiones hasta finalizar la guerra pero ya en pequeños encargos (camuflajes para tanques, minas camufladas, etc). Ningún miembro del equipo de Maskelyne, ni el propio Jasper, jamás fue condecorado por su contribución a la victoria en El Alamein y, tras finalizar la guerra, regresó a Inglaterra.” .

Algo que en muchas ocasiones también sucede en esta profesión: cuando todo funciona correctamente nadie se manifiesta, es algo tan transparente y obvio que te olvidas de pensar en quién ha definido esa interfaz que tienes delante, que funciona tan bien. No quiero ni imaginarme cuál habría sido el destino de la Magic Gang si hubieran fracasado en algunos de sus proyectos. En esta profesión al menos no hay ninguna amenaza militar evaluando tu trabajo… Al menos de momento.

Generación "Ahum"

A vosotros también os habrá pasado: estar en una comida con amigos o colegas de trabajo y de repente ver que por un momento, mientras hablas no te escucha ni dios, ni te miran, están todos con sus ojos enfocados en el teléfono, respondiéndote con un “Ahum” o “Siimm”, dándote a entender que sí, que te están siguiendo, pero sin soltar el cacharro, pendientes del Mail/Whatsapp/Instagram/Twitter/Path/Facebook o de enfocar el aparato para hacer la foto del plato perfecta o de encontrar en la Wikipedia cualquier chorrada que ha surgido en otra conversación.

Esta situación también es muy recurrente entre parejas y genera las cada vez más habituales crisis del “no me haces ni puto caso” o “para qué coño te comprarías este cacharro”. Cuando uno se “desengancha” lo empieza a ver desde otra perspectiva: se trata de una absoluta falta de respeto y educación para el que tienes delante, lo mires por el ángulo que lo mires.

El problema es que al ser una situación tan reciente, no es visto como una falta de educación (al menos en nuestro país, en otros ya existe etiqueta para esto), pero lo es, desde luego que lo es.

Pero es que además es un problema que cada vez gana más adeptos. Los que adquieren un teléfono “inteligente” se sienten incapaces de desviar su atención del dispositivo y cualquier motivo y situación es el momento ideal para desenfundar el cacharro y empezar a darle a la tecla (gran culpa de esto la tienen las notificaciones). El problema es especialmente grave en los hombres; si hay alguna mujer leyendo este post sabrá de qué estoy hablando…

¿Qué nos está pasando? ¿Será que el origen está en ese miedo a perdernos algo (como brillantemente describió Alberto Knapp en El País)? ¿Serán simplemente las notificaciones? ¿Hay algo que podamos hacer nosotros, los que definimos apps para todo tipo de dispositivos, para evitar este tipo de situaciones? ¿O habrá que esperar simplemente a que todo fluja de forma orgánica y natural y se empiecen a generar las correspondientes etiquetas para este tipo de situaciones?

Existen iniciativas fabulosas que tratan de tocar el origen de este problema y que están consiguiendo resultados sorprendentes, como el movimiento Phone Stacking, “un juego que pretende acabar con la adicción al WhatsApp y a Twitter con una misiva muy clara: el primero que toque el móvil en la mesa, paga la cuenta”.

La foto la he cogido del NYT, de este artículo que también merece una lectura: Play With Your Food, Just Don’t Text!

Si rompes pagas

Reconozcámoslo: nos gusta toquetear. Todo lo que lleva el “prohibido tocar” pasa a un terreno incierto, donde se intuye menos gozo y disfrute. Que nos quiten el toqueteo de cualquier cosa nos fastidia, tocar forma parte de la exploración del mundo que nos rodea. A veces incluso forzamos el límite y pasamos por alto lo prohibido, a sabiendas de las consecuencias que esta desobediencia puede provocar…

Probablemente esa es una razón más por la que todo lo que tiene que ver con el mundo tablet o móvil está teniendo tanto auge: todo es táctil, tus dedos sirven para pinchar sobre algo, para hacer zoom, para arrastrar elementos, escribir… Y encima te lo puedes guardar en un bolsillo. Brillante.

Echando la vista atrás casi ni recordaremos que no hace mucho tiempo atrás existieron iniciativas para acercar los ordenadores a las personas. Los primeros precursores del HCI (Human-Computer Interaction) dieron mucho que hablar con el modelo CLI (Command Line Interface), donde a través de pequeños comandos podíamos generar acciones en la máquina. Los más viejos del lugar lo recordarán con cierta nostalgia.

Más tarde, este primer modelo de interacción evoluciona hacia lo que sin duda hoy conocemos más: el GUI (Graphical User Interface) donde a través de un cursor pegado a nuestra pantalla, propulsado siempre por un ratón, y una metáfora de escritorio podemos mandar órdenes hacia el ordenador. No entendemos un ordenador sin el ratón… ¿O sí?

Lo que está pasando actualmente es una fabulosa transición del modelo GUI hacia el NUI (Natural User Interface), donde extremidades de nuestro cuerpo forman parte de la interacción con la máquina. Tu cuerpo, sin darte cuenta, es el cursor, todo es más fluído y rápido.

Se habla de un modelo OUI – Organic User Interface – (y que ya comentamos hace años por aquí) un nuevo concepto aún por explorar donde la interfaz es cualquier superficie, no hace falta que sea plana, adaptada al contexto de uso. Va un poco en la línea que siguen iniciativas como las “gafas de Google”, un proyecto aún en pañales – pero como lo fué también en su momento el modelo CLI, no lo olvidemos -.

Merece la pena pasarse por este vídeo que hace días lanzó la gente de Google promocionando el concepto (YouTube, 2:30min):

A pesar de ese efecto Wow! que enseguida provocan este tipo de presentaciones, probablemente estaremos un buen tiempo sobre este modelo de interacción, que nos permite disfrutar de la tecnología de forma sencilla e intuitiva y que es aprendido e interiorizado de forma rápida y natural por cualquier persona, tenga la edad que tenga.

En el momento en el que conceptos como ratón, o escritorio dejan de estar presente en nuestro día a día te das cuenta de que algo está cambiando. Cuando el ratón desaparece el modelo de “ordenador” como lo conocemos hoy en día deja de tener sentido y su fin empieza a estar más cerca. El NUI ha llegado para quedarse.

Últimamente ando dándole vueltas a las notificaciones que uno recibe en cualquier dispositivo (móvil, iPad, portátil…) y las interrupciones que esta simple funcionalidad genera en el día a día de las personas. Aunque no lo parezca, un detalle tan sutil – necesario e inútil a partes iguales – afecta a nuestra forma de trabajar y creo que nadie se ha preocupado aún por encontrar un equilibro correcto en su forma y frecuencia.

No me equivoco si digo que esta funcionalidad nació en el mundo digital a raíz de los avisos que recibíamos cuando en nuestro gestor de correo electrónico de turno saltaba un nuevo email, o cuando recibías un SMS en los primeros móviles que circulaban por nuestros bolsillos, quizá lo más parecido anteriormente podría ser la invasión de la intimidad que provocaba una llamada a nuestro teléfono fijo. Para mi ese fue el principio, o el final, según se mire.

Llamadme perro viejo, pero cada vez que me suscribo a un nuevo servicio web o me instalo una app lo primero que hago es desactivar las notificaciones y no permitir la geolocalización (porque sé que de alguna manera salpicará y me enviarán notificaciones). Para mi las notificaciones son un invento estupendo para enganchar, pero una funcionalidad del diablo una vez que utilizas la herramienta de forma regular: lo único que genera son microinterrupciones en tu día a día, aparte de las que ya tienes por otro lado. ¿Será que hay comportamientos diferentes en función de la experiencia de uso? Yo creo que sí y de alguna manera manera este podría ser el “ciclo vital” de una notificación:

El novato
Recibe notificación ->
Consulta la notificación casi inmediatamente ->
Genera expectativas positivas (WIN)

El experto
Recibe notificación ->
No consulta la notificación hasta que se le acumulan unas cuantas ->
Genera estress (negativo) ->
Cancela notificaciones (FAIL)

Cuando estás usando una app o una herramienta digital desde hace poco tiempo y recibes notificaciones nuevas, tus prioridades cambian de repente, lo que estabas haciendo deja de ser importante y tu nueva prioridad se centra en encontrar la opción para dejar de ver esa notificación en forma de globo con un número, indicándote la deuda pendiente que tienes con esa app o herramienta. De alguna manera sientes intriga por lo que se oculta tras ese nuevo aviso, ya que es algo fresco, nuevo. Genial para los que empiezan, pero ya está.

El resto usuarios ¿de verdad necesita más de esto en su vida? La lucha contra estos “globos” es la antigua lucha contra la negrita que teníamos cuando sólo usábamos el email y nuestro objetivo era dejar la bandeja de entrada a 0.

Creo que las notificaciones deberían adaptarse de forma natural y orgánica a la experiencia que va adquiriendo quien la utiliza. El usuario inicial no siente necesidad por el servicio que ofreces y esas notificaciones precisamente lo que consiguen es que recuerden el servicio. Cuando uno tiene interiorizado el servicio y éste forma parte de su día a día, las intrusiones del dispositivos no son tan necesarias, el usuario te visita tenga o no tenga notificaciones porque ya has creado una necesidad (y es para aplaudirte si lo has conseguido, obviamente), pero probablemente no necesites ser tan insistente. La clave reside en saber cuándo y cómo realizar ese cambio.

Quizás un enfoque más adecuado sea establecer una determinada cantidad de notificaciones, y saber a ciencia cierta de que esas notificaciones han sido consultadas. A partir de ese límite la frecuencia debería disminuir e ir adaptándose a la experiencia del usuario. Pero hasta que eso ocurra, yo de momento voy por la vida sin recibir notificaciones, todo lo que se puede desactivar está en off, y os aseguro que desde entonces mi detergente me lava blanquísimo.