Edificios inteligentes que no piensan

Mis visitas a clientes suelen incluir también un breve recorrido por los alrededores del entorno donde se trabaja. Pura curiosidad. Muchas veces están ubicados en viveros y parques empresariales, donde todo tiene poco uso, a veces casi a estrenar. En esos espacios es donde supuestamente se aplica ese concepto denominado «Edificio inteligente». Lo cierto es que de lejos muchos imponen: se entremezclan diseños varguardistas con espacios minimalistas, todo ello conceptualizado con una suerte de automatismos que hacen más eficiente el mantenimiento del edificio y su entorno.

Pero en muchas ocasiones, el día a día de los que usan el edificio es muy distinto. En muchas ocasiones el diseño no responde a muchas de las necesidades que tienen los que lo visitan de forma continua. Y se nota la mano «chapuzilla» del ser humano, que trata de mitigar errores que deberían haber sido identificados mucho antes de construir el edificio.

Este tipo de carteles es un clásico en las entradas de muchas oficinas, en sus distintas variantes. Cerrar la puerta porque: «entra humo de tabaco», «porque huele a comida», «porque hay ruído fuera», «por el aire acondicionado»…):

Otro ejemplo de mal diseño son los grandes ventanales, alicatados con hojas de periódicos para que no entre el sol por la mañana/por la tarde, o te mueras de calor en verano (especial mención a esas hojas que con el tiempo se han tornado amarillentas, dándole más caché al espacio):

A veces le echan la culpa a las puertas, y entonces, en estos edificios inteligentes nos encontramos también con puertas inteligentes, capaces de hacer lo imposible: abrirse y cerrarse. Lo malo es que también llevan instrucciones, normalmente escritas a mano, con mensajes imposibles para hacer algo que debería ser lo más sencillo del mundo: abrir y cerrar una puerta. En este ejemplo las instrucciones de la puerta nos prohíben cerrarla después de abrirla, porque es que se cierra sola:

Al estar cerca de autopistas, radiales y vías rápidas resulta francamente difícil estacionar tu vehículo si eres visitante. De tal forma que en más de una ocasión encontrarás a gente por la mediana de la calzada tratando de llegar al otro lado, de esta guisa:

¿En qué piensan estos edificios inteligentes? ¿En ellos mismos o en los que lo habitan? No soy arquitecto, ni pretendo serlo, pero me parece que aparte del «Efecto Wow» que muchos arquitectos buscan, también deberían bajar sus planos a tierra y ponerse en la piel de los que van a usar dicho espacio. Así no me extraña que mucha gente acabe cansada y desmotivada. El espacio de trabajo es algo que hay que tener también en cuenta.

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