Somos unos manazas

Reconozcámoslo: nos gusta toquetear. Todo lo que lleva el «prohibido tocar» pasa a un terreno incierto, donde se intuye menos gozo y disfrute. Que nos quiten el toqueteo de cualquier cosa nos fastidia, tocar forma parte de la exploración del mundo que nos rodea. A veces incluso forzamos el límite y pasamos por alto lo prohibido, a sabiendas de las consecuencias que esta desobediencia puede provocar…

Probablemente esa es una razón más por la que todo lo que tiene que ver con el mundo tablet o móvil está teniendo tanto auge: todo es táctil, tus dedos sirven para pinchar sobre algo, para hacer zoom, para arrastrar elementos, escribir… Y encima te lo puedes guardar en un bolsillo. Brillante.

Echando la vista atrás casi ni recordaremos que no hace mucho tiempo atrás existieron iniciativas para acercar los ordenadores a las personas. Los primeros precursores del HCI (Human-Computer Interaction) dieron mucho que hablar con el modelo CLI (Command Line Interface), donde a través de pequeños comandos podíamos generar acciones en la máquina. Los más viejos del lugar lo recordarán con cierta nostalgia.

Más tarde, este primer modelo de interacción evoluciona hacia lo que sin duda hoy conocemos más: el GUI (Graphical User Interface) donde a través de un cursor pegado a nuestra pantalla, propulsado siempre por un ratón, y una metáfora de escritorio podemos mandar órdenes hacia el ordenador. No entendemos un ordenador sin el ratón… ¿O sí?

Lo que está pasando actualmente es una fabulosa transición del modelo GUI hacia el NUI (Natural User Interface), donde extremidades de nuestro cuerpo forman parte de la interacción con la máquina. Tu cuerpo, sin darte cuenta, es el cursor, todo es más fluído y rápido.

Se habla de un modelo OUI – Organic User Interface – (y que ya comentamos hace años por aquí) un nuevo concepto aún por explorar donde la interfaz es cualquier superficie, no hace falta que sea plana, adaptada al contexto de uso. Va un poco en la línea que siguen iniciativas como las «gafas de Google», un proyecto aún en pañales – pero como lo fué también en su momento el modelo CLI, no lo olvidemos -.

Merece la pena pasarse por este vídeo que hace días lanzó la gente de Google promocionando el concepto (YouTube, 2:30min):

A pesar de ese efecto Wow! que enseguida provocan este tipo de presentaciones, probablemente estaremos un buen tiempo sobre este modelo de interacción, que nos permite disfrutar de la tecnología de forma sencilla e intuitiva y que es aprendido e interiorizado de forma rápida y natural por cualquier persona, tenga la edad que tenga.

En el momento en el que conceptos como ratón, o escritorio dejan de estar presente en nuestro día a día te das cuenta de que algo está cambiando. Cuando el ratón desaparece el modelo de «ordenador» como lo conocemos hoy en día deja de tener sentido y su fin empieza a estar más cerca. El NUI ha llegado para quedarse.

Comments
  • Baselga
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    Enhorabuena por tu blog. Desde mis primeros años de carrera en los que el maestro Sáez-Vacas nos hablaba de las interfaces de usuario como «adaptadores de variedad» (un concepto muy profundo y extremadamente útil para los que diseñamos interacciones), llevo obsesionado con la cuestión de la usabilidad, y me ha encantado encontrar en internet un alma gemela que se preocupa de este tipo de cosas y además se toma la molestia de compartir sus impresiones. Estoy trabajando en varios desarrollos en los que la usabilidad es absolutamente fundamental para el éxito del producto, y no es fácil encontrar gente que entienda del asunto con la que intercambiar ideas.
    Me ha gustado este concepto de evolución desde el CLI al OUI. Pero se me ocurre un notable precedente del OUI que lleva funcionando desde muchos años antes de que nadie se plantease estas cosas. Algo tan sencillo y familiar como el telefono de toda la vida, que empezaba a funcionar con sólo descolgarlo. A mi me parece todo un precedente de interfaz orgánica. Bastaba con el movimiento del brazo para que un inmenso arsenal tecnológico empezase a funcionar para ti. Era tan sencillo que hasta mi abuela lo entendía. Hoy, con los móviles, esa facilidad se ha perdido, porque tanto para descolgar como para colgar hay que localizar y pulsar un diminuto botón con muy escasa retroalimentación háptica, que además está situado junto a otros treinta, una acción poco evidente que para alguien como mi abuela, con sus uñas postizas y su visión nonagenaria, resulta todo un reto.

    De los últimos avances en usabilidad, veo poco en esa línea de simplificación conceptual de la interacción. Aunque quizá un buen ejemplo sea el Siri del nuevo iPhone, sobre todo por su mecanismo de activación (basta con llevártelo a la oreja para que interprete que quieres consultarle algo, sin necesidad de pulsar botón alguno).

    Saludos y gracias

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