LA POTENCIA DEL CONTROL NO SIRVE DE NADA. EL MITO DEL EMPRENDEDOR

Las carreras de motocicletas Dirt track son un clásico en los EE.UU. Se celebran campeonatos de esta modalidad a lo largo y ancho de todo el país. Una carrera de este tipo implica tener el vehículo derrapando casi constantemente, aprovechando la derrapada para mantener la dirección y la velocidad del aparato, todo un espectáculo.

Los aficionados a las motocicletas sabrán que muchos de los actuales pilotos de MotoGP entrenan en circuitos de Dirt track para entrenar su técnica y aprender a controlar la moto. Las motos no son las mismas, pero el comportamiento sí. Una motocicleta de competición, con la potencia que desarrollan, se pilota de una manera muy similar a cuando la llevas en circuito de arena: prácticamente derrapando de principio a fin de carrera.

Pero en los años 60-70 esto no ocurría: los pilotos de entonces encontraban serias dificultades en controlar las motos de competición de entonces, debido a su monstruosa potencia y deficiente estabilidad, era prácticamente imposible manejarlas. Sin embargo, un piloto finlandés (Jarno Saarinen) fue la referencia en la que Kenny Robers (una de las leyendas del mundo de la motocicleta) se apoyó para poder controlar a aquellas bestias mecánicas: a partir de entonces sacar medio cuerpo de la moto, con la rodilla rozando el suelo y salir derrapando de lado se convertiría en algo normal a la hora de pilotar una moto de GP. Lo que Roberts no sabía era que esta pequeña observación cambiaría para siempre el mundo de las carreras de competición.

Las referencias y aprendizajes de los dos protagonistas de esta historia hicieron que cada uno de ellos ganara el título de campeón mundial en su categoría. Y aunque Jarno sólo ganara el título en una ocasión fue una gran proeza, pues la cultura de la motocicleta en Finlandia no existía en esa época.

Pero hoy no hemos venido a hablar de motos, sino del mundo Emprendedor, de ese concepto. Aquí no se habla mucho sobre este asunto, hay gente mucho más formada y profesional que entiende todo esto mejor que el que escribe (también existe justo lo contrario), pero hablar de lo que uno ve y observa no es delito de momento…

Estamos asistiendo a un despegue sin precedentes para fomentar el tema emprendedor, en 2012 era la palabra de moda y 2013 parece que también seguirá teniendo tirón. El objetivo es que la gente pueda montar su propio negocio, trabajando por cuenta propia: ayudas, cursos, condiciones especiales para determinadas franjas etaria, etc. Animar el espíritu emprendedor a todo gas. Creando emprendedores (suponen) aumentará el tejido empresarial de nuestro país.

Sin embargo, seguimos siendo testigos del poco poco o nulo interés por la formación sobre estos temas en facultades o institutos. Nos quieren dar una moto con toda la potencia sin saber cómo llevarla en el circuito y eso es, en muchas ocasiones, castañazo asegurado. Hasta que esto no ocurra, hasta que no se fomente este tipo de iniciativas desde la base, en las primeras edades, apenas existen 4 escenarios en el mundo emprendedor que, a grandes rasgos describo a continuación (escenarios estos que, por desgracia, no podemos elegir):

1. O vienes de familia acomodada y, en caso que querer emprender por tu cuenta, tienes el respaldo moral (y si te va mal el económico) para volver a empezar de 0 si la cosa no sale como esperas, como si no hubiera pasado nada.

2. O vienes de familia con pasado (o presente) emprendedor: desde una charcutería a una imprenta, da igual. Si has tenido padre, madre, o familia cercana emprendedora algo de eso se te quedará impregnado en tu ADN para siempre. Y tarde o temprano despertarás el tigre que hay en ti. Probablemente, si a tu familia le ha ido mal, no tendrás demasiadas ganas de aventurarte en el mundo emprendedor.

3. Para el resto de los mortales, la gran mayoría, no nos queda otra que ser «emprendedores tardíos» o simplemente «emprendedores por descubrimiento», donde vas descubriendo todo este mundo conforme avanzas en la vida. Probablemente hayas tenido que pasar por una o varias grandes empresas para darte cuenta de lo que no quieres, y ahorrar lo mucho o poco que hayas podido para intentar lanzarte. Si tienes éxito y aciertas seguirás aprendiendo y creciendo, si no la tienes, quizás te toque trabajar por cuenta ajena otra vez, muy a tu pesar pero sin mucho remedio. Es curioso: cuando pasan unos años, empiezas a echar de menos alguna referencia familiar que sin duda te habría hecho ver las cosas de otra manera en una etapa más jóven. Pero es algo no tiene remedio.

4. En el cuarto escenario se mezclan cualquiera de los puntos arriba mencionados. Si tienes la suerte de venir de familia acomodada y encima emprendedora aumentan de forma exponencial las posibilidades de tener éxito en tu aventura.

También tenemos otras variables importantes: como que tu pareja tenga un buen puesto de trabajo, haber estudiado en escuelas o institutos determinados o el simple hecho de vivir en la capital del país. Pero quizás es madera para otro post, que hoy ya me estoy extendiendo.

Showing 3 comments
  • Responder

    Hola Juan,
    Mi más sincera enhorabuena. Muy buen post. En alguna que otra ocasión he estado a punto de escribir algo similar en la misma línea.

    Un saludo

  • seisdeagosto
    Responder

    @Manuel Muchas gracias! No es fácil escribir algo así, pero yo también tenía ganas de hacerlo 🙂

  • Julio Loayza
    Responder

    Qué buen tema has tocado y qué bien lo has sintetizado y expuesto. También he venido observando la importancia de esos orígenes emprendeduriles, muchas veces con envidia, debo admitir.
    En mi caso tuve unos cuantos aspectos en contra, fundamentalmente el económico pero, a pesar de todo, me vi montando una empresa con 21 años, con dos amigos y socios, en una época, finales de los 90, en la que la gente de mi edad solo pensaba en terminar una carrera para acomodarse en un buen puesto. No había necesidad de buscarse la vida por su cuenta.

    Ahora parece que empieza a ser una opción para muchos a los que casi no les queda otra opción. No pretendo a desmoralizar a nadie, pero entrar en el mundo de la emprendeduría solo por necesidad, casi que por desesperación, no creo que sea la mejor decisión que puedas tomar.

    Si algo he aprendido en estos quince años es que tienes que hacerlo por vocación, aunque sea tardía. Porque de otro modo, es muy difícil que seas capaz de digerir los tortazos que te vas a dar, y que te van a dar, y sacar algo positivo al final.

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